Dibujo inanimado

Zulma Martínez

Mar azul...
Mecenas
Anida el miedo en tu alma,
a pesar de tu mirada
consumida por la rabia.
Es tu vida un dibujo inanimado:
oscuridad, terror, relámpagos,
destino negado a la dicha,
a algún dorado esplendor,
a los designios del amor;
agotado corazón anclado
en quién sabe qué remota
cala del pasado.
En tu derrotero neblinoso,
un recordatorio gris y desgastado
indica el sentido fatal
hacia tu oscuro mundo,
hacia esa locura que aterra,
hacia la fantasmal imagen de ti mismo
encuadrada en un espejo fragmentado.
Y, como punto final a tanto estrago,
tiembla la fronda reseca de tus manos
como si, afanosa, quisiera enraizarse
en lo estéril de tu propio páramo.
 
Anida el miedo en tu alma,
a pesar de tu mirada
consumida por la rabia.
Es tu vida un dibujo inanimado:
oscuridad, terror, relámpagos,
destino negado a la dicha,
a algún dorado esplendor,
a los designios del amor;
agotado corazón anclado
en quién sabe qué remota
cala del pasado.
En tu derrotero neblinoso,
un recordatorio gris y desgastado
indica el sentido fatal
hacia tu oscuro mundo,
hacia esa locura que aterra,
hacia la fantasmal imagen de ti mismo
encuadrada en un espejo fragmentado.
Y, como punto final a tanto estrago,
tiembla la fronda reseca de tus manos
como si, afanosa, quisiera enraizarse
en lo estéril de tu propio páramo.
Otros abrazos visuales te esperan, digo a la obra.

Saludos
 
Anida el miedo en tu alma,
a pesar de tu mirada
consumida por la rabia.
Es tu vida un dibujo inanimado:
oscuridad, terror, relámpagos,
destino negado a la dicha,
a algún dorado esplendor,
a los designios del amor;
agotado corazón anclado
en quién sabe qué remota
cala del pasado.
En tu derrotero neblinoso,
un recordatorio gris y desgastado
indica el sentido fatal
hacia tu oscuro mundo,
hacia esa locura que aterra,
hacia la fantasmal imagen de ti mismo
encuadrada en un espejo fragmentado.
Y, como punto final a tanto estrago,
tiembla la fronda reseca de tus manos
como si, afanosa, quisiera enraizarse
en lo estéril de tu propio páramo.
Un alma consumida por el miedo y la rabia.

La puerta de la felicidad se abre hacia dentro, hay que retirarse un poco para abrirla: si uno la empuja, la cierra cada vez más. Aabye

Le envío un saludo desde mi humilde Habana
 
Un alma consumida por el miedo y la rabia.

La puerta de la felicidad se abre hacia dentro, hay que retirarse un poco para abrirla: si uno la empuja, la cierra cada vez más. Aabye

Le envío un saludo desde mi humilde Habana
¡Qué hermosa reflexión has incorporado en tu comentario, Alde! Te agradezco... Saludos desde Argentina hasta tu querida Habana.
 

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