Este poema expresa una lucha entre el deseo profundo de comunicar lo que se siente y la impotencia de hacerlo completamente. Comienza con una imagen poética y casi melancólica: “Por más que lo quiera / y cante la lluvia”, donde la lluvia, símbolo de emociones intensas, incluso de catarsis, no basta para expresar lo que el yo poético lleva dentro.
La afirmación de que “el mundo no diría / todo lo que anhelo” refleja esa sensación de que ni el lenguaje ni la realidad alcanzan para contener la magnitud de un anhelo profundo, tal vez amoroso, existencial o espiritual. Es el desbordamiento del alma frente a los límites de lo humano.
Luego, en un giro intenso, el poema habla de un mundo que “tiembla” —imagen de caos, crisis, o cambio— y señala que en medio de ese temblor, “la verdad es lo único que queda”. En esa desnudez, sin máscaras, el alma encuentra libertad para hablar, para decir “tantas cosas” y, sobre todo, para seguir soñando, no una vez, sino “diez mil veces más”.
Es un poema que abraza la fragilidad de la existencia, pero también su esperanza infinita. Aunque las palabras no alcancen, el deseo de expresar y de soñar nunca se apaga.
Profundos versos
Saludos cordiales