PALMARCHICO
Poeta fiel al portal
" DIFÍCIL DE NO PENSAR EN TI "
Autor:
José Estrada
Aún sacando fuerzas de las reservas del honor y orgullo,
la tentación de pensarte, hace en mis adentros murmullo,
puedo adquirir, un sin fin de aturdimientos más no bastan,
las defensas se quedan débiles, en resistir se me desgastan.
Mi mirada puede tener a la vista la seductora quinta maravilla,
más en la mente tu persona, como constelación orbita y brilla,
eres fuerza invisible y desconocida, que arrastra los pensamientos,
como imán los atrae, haciéndolos sentir de ti y tus mimos sedientos.
La sensación de aquella caricia, se ha hecho eterna en la piel,
el efecto causado. . . gira y gira tal como lo hace un carrusel,
despertando el placer, como lo hace a los capullos el amanecer,
con la luz del amor, esa que me hace, por sobre todo depender.
Difícil de no pensar en ti, si hasta el mismo silencio me insinúa,
que te has convertido en la adicción, la que mis vagos pasos apura,
quien acelera los latidos, de mi terco corazón a tu desmedido antojo,
tan sólo el escuchar tu nombre, tal si viviera en pubertad, me sonrojo.
Autor:
José Estrada
Aún sacando fuerzas de las reservas del honor y orgullo,
la tentación de pensarte, hace en mis adentros murmullo,
puedo adquirir, un sin fin de aturdimientos más no bastan,
las defensas se quedan débiles, en resistir se me desgastan.
Mi mirada puede tener a la vista la seductora quinta maravilla,
más en la mente tu persona, como constelación orbita y brilla,
eres fuerza invisible y desconocida, que arrastra los pensamientos,
como imán los atrae, haciéndolos sentir de ti y tus mimos sedientos.
La sensación de aquella caricia, se ha hecho eterna en la piel,
el efecto causado. . . gira y gira tal como lo hace un carrusel,
despertando el placer, como lo hace a los capullos el amanecer,
con la luz del amor, esa que me hace, por sobre todo depender.
Difícil de no pensar en ti, si hasta el mismo silencio me insinúa,
que te has convertido en la adicción, la que mis vagos pasos apura,
quien acelera los latidos, de mi terco corazón a tu desmedido antojo,
tan sólo el escuchar tu nombre, tal si viviera en pubertad, me sonrojo.