Diluvio.
Mi dolor es pequeño,
pues ya no tiene simiente
aunque tenga una coraza
y entramados de las rejas
de las pasadas dulzuras.
Mi dolor es pequeño
-picante aguja silente-
y ya no tiene otra traza
que ceñirme de las cejas
al evocar sus locuras.
Este dolor hoy pequeño,
en un día fue gigante
y recreaba un infierno
con sus calvarios internos,
sus libaciones y excesos.
El dolor tan pequeño,
algún día era tan grande
que lo presentía eterno,
mas salí de sus avernos
por un diluvio de besos.
Ese diluvio de besos,
¡Cual chubasco inesperado!
Con refrescante limpieza,
llegó pleno de confianza,
generando mil anhelos.
Porque el recibir los besos
de ese amor tan deseado
que por tus besos empieza
forjé la dulce esperanza
de despertar en los cielos.
Mi dolor es pequeño,
pues ya no tiene simiente
aunque tenga una coraza
y entramados de las rejas
de las pasadas dulzuras.
Mi dolor es pequeño
-picante aguja silente-
y ya no tiene otra traza
que ceñirme de las cejas
al evocar sus locuras.
Este dolor hoy pequeño,
en un día fue gigante
y recreaba un infierno
con sus calvarios internos,
sus libaciones y excesos.
El dolor tan pequeño,
algún día era tan grande
que lo presentía eterno,
mas salí de sus avernos
por un diluvio de besos.
Ese diluvio de besos,
¡Cual chubasco inesperado!
Con refrescante limpieza,
llegó pleno de confianza,
generando mil anhelos.
Porque el recibir los besos
de ese amor tan deseado
que por tus besos empieza
forjé la dulce esperanza
de despertar en los cielos.