Hiada
Poeta recién llegado
Me gustaste rosa salvaje
de un jardín tan lejano,
tan eternamente alejado.
Mil sentires han nacido en mis palmas,
luceros cerquita de tus pupilas,
emociones surcando mis ansias.
Dime, cuán dices que me amas,
cuán verdadero son tus ganas,
de apretujarme contra tus esferas.
Dime, ala vera de mi oído,
dímelo, lo que oir necesito,
susúrrame, abrázame...
Sabrás, que soy dama de hielo,
que mis amores, han partido mi cuerpo,
no tengo dolor, tampoco tengo miedos.
Y en cada mejilla sonrojada...
tímida por tu mirada penetrando,
asomàndo una sonrisa entre mis labios...
me regalaste el tacto de tus caricias,
besándo mi humilde rostro,
me regalaste, tu corazón en las manos.
Te diré, que mi alma llora penas,
que mi cuerpo tatuajes alberga,
de un pasado todavía incompleto.
Te enseñaré, cicatrices que marcan mi cuerpo,
navajas clavándo mi ego... el dolor que aquí siento.
Porque soy una dama de hielo,
que no siente, ni teme a los sueños,
dama congelada
por culpa de perros,
que no supieron,
valorar los complejos.
Dime de tí, lindo capullo de flor,
si atemoriza algún fantasma a tu alma,
dime si tienes en tu amor,
unas alas pisadas por la rabia.
Déjame curarte las heridas,
con la sabia de mis labios,
y el calor de mis ganas...
Hiada**
Derechos reservados.
de un jardín tan lejano,
tan eternamente alejado.
Mil sentires han nacido en mis palmas,
luceros cerquita de tus pupilas,
emociones surcando mis ansias.
Dime, cuán dices que me amas,
cuán verdadero son tus ganas,
de apretujarme contra tus esferas.
Dime, ala vera de mi oído,
dímelo, lo que oir necesito,
susúrrame, abrázame...
Sabrás, que soy dama de hielo,
que mis amores, han partido mi cuerpo,
no tengo dolor, tampoco tengo miedos.
Y en cada mejilla sonrojada...
tímida por tu mirada penetrando,
asomàndo una sonrisa entre mis labios...
me regalaste el tacto de tus caricias,
besándo mi humilde rostro,
me regalaste, tu corazón en las manos.
Te diré, que mi alma llora penas,
que mi cuerpo tatuajes alberga,
de un pasado todavía incompleto.
Te enseñaré, cicatrices que marcan mi cuerpo,
navajas clavándo mi ego... el dolor que aquí siento.
Porque soy una dama de hielo,
que no siente, ni teme a los sueños,
dama congelada
por culpa de perros,
que no supieron,
valorar los complejos.
Dime de tí, lindo capullo de flor,
si atemoriza algún fantasma a tu alma,
dime si tienes en tu amor,
unas alas pisadas por la rabia.
Déjame curarte las heridas,
con la sabia de mis labios,
y el calor de mis ganas...
Hiada**
Derechos reservados.