Dios es la infinitesimal estela que deja un insecto entre las hierbas verdes tostadas por el verano.
Dios es la piedra que el río se lleva desde el vértigo hasta el sosiego mientras se deja partir hasta la indivisibilidad.
Dios es la voz insuficiente en la sonrisa del águila que azuza las nubes.
Dios es la tinta que se pierde en las cartas antiguas.
Dios es el rastro eléctrico que impulsa el fuego por la mirada y la voz y las manos.
Dios es la brillante luna que surge endemoniada en el cielo purpura de la ciudad perdida.
-
somos la segunda parte
procedentes de un primer acto inexistentes
cada noche besamos a ciegas la niebla que trajo a los dioses
somos capaces de correr insomnes por las carreteras de luz negra
mientras vemos como las profecías del caos se amontonan sobre nuestras espaldas como se agolpan las lunas llenas.
Dios es la piedra que el río se lleva desde el vértigo hasta el sosiego mientras se deja partir hasta la indivisibilidad.
Dios es la voz insuficiente en la sonrisa del águila que azuza las nubes.
Dios es la tinta que se pierde en las cartas antiguas.
Dios es el rastro eléctrico que impulsa el fuego por la mirada y la voz y las manos.
Dios es la brillante luna que surge endemoniada en el cielo purpura de la ciudad perdida.
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somos la segunda parte
procedentes de un primer acto inexistentes
cada noche besamos a ciegas la niebla que trajo a los dioses
somos capaces de correr insomnes por las carreteras de luz negra
mientras vemos como las profecías del caos se amontonan sobre nuestras espaldas como se agolpan las lunas llenas.