Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ahora que el peligro cedió y esos 33 desafortunados chilenos vieron de nuevo la vida a todas luces, se me ocurrió esta jocosidad; (¿o no es que los valientes se ríen del peligro?) una especie de humorada reflexiva sobre su tragedia con suerte, la cual les dedico, como también a mi amigo y compadre chileno de Temuco, Juan Puente Soto (un “güeno pa los chistes”
y a todo Chile. Espero me sepan perdonar. Y si no...¡que me trague la tierra!
Harta de laceraciones en su garganta,
la tierra se engulló a los ‘responsables’
de tan antigua y sistemática tortura.
Con los labios prietos a toda súplica,
la tierra no quiere abrir la boca, fíjate.
Pero el hombre, el intrépido hombre
que la puebla y usufructúa, la somete
de nuevo; le abre un profundo respiro
entre sus trincados dientes, un hálito
a la vida de casi setecientos metros.
Orada y reza y llora, hasta que por él,
hiriéndola más, le arranca a la tierra
su caro bocado de treinta y tres almas.
“¡Viva Chile, mierda!” (Muy bien dicho,
porque flor de cagazo se han pegado).
¡Viva Chile, catastrófico y querido!
¡Chile, tembloroso pero firme esta vez
y cada vez que la vida lo demande!,
gritamos, mientras la tierra masculla:
“No tuve la culpa, no tuve la culpa”,
y nos mira con su hoyo de escape
con destino de ojo turístico a explotar.
Agradezcamos todos: ¡Gracias, Dios
Todopoderoso, por tu gran misericordia!
¡Gracias tierra, por tu lenta digestión!
“¡Chi, chi, chi, le, le, le, los mineros de Chilé!”
la tierra se engulló a los ‘responsables’
de tan antigua y sistemática tortura.
Con los labios prietos a toda súplica,
la tierra no quiere abrir la boca, fíjate.
Pero el hombre, el intrépido hombre
que la puebla y usufructúa, la somete
de nuevo; le abre un profundo respiro
entre sus trincados dientes, un hálito
a la vida de casi setecientos metros.
Orada y reza y llora, hasta que por él,
hiriéndola más, le arranca a la tierra
su caro bocado de treinta y tres almas.
“¡Viva Chile, mierda!” (Muy bien dicho,
porque flor de cagazo se han pegado).
¡Viva Chile, catastrófico y querido!
¡Chile, tembloroso pero firme esta vez
y cada vez que la vida lo demande!,
gritamos, mientras la tierra masculla:
“No tuve la culpa, no tuve la culpa”,
y nos mira con su hoyo de escape
con destino de ojo turístico a explotar.
Agradezcamos todos: ¡Gracias, Dios
Todopoderoso, por tu gran misericordia!
¡Gracias tierra, por tu lenta digestión!
“¡Chi, chi, chi, le, le, le, los mineros de Chilé!”
©Juan Oriental
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