Albertyo Moliendo
Poeta recién llegado
El Naranjo con el Pino
discutían jocosos gozando
de la esférica nube de rocío.
"Blanca crece madurando
hasta volverse el fruto mío,
y deja ejemplar manjar amargo
al dar luz y no brío."
Alegre de ego el Naranjo
aguardaba su mediocre sino.
Tras un largo bostezo de búho
decidióse el Pino lucirse:
"Las líneas son el gris ardúo
de nuestros hermanos calcinados.
Escojamos el humo sin alpiste."
Asistieron todos en ráfaga ventosa;
desde el incrédulo Abedul
hasta la Rosa vanidosa.
Una Mala Hierba,
en todos lados a la sombra,
delató cual fornicante cerda:
"¡El Olivo! ¡Los Olivos!
Callados pero quietos,
subiditos en su cerca."
(Cada Olivo del sangriento valle
ve un profundo reflejo
en el albino talle).
"Lamentareís nuestra visión mustia."
Advirtió calmo el Olivar.
"La Luna aceitosa, la Luna de las angustias.
¿No veis sus ojos bajos
de soledad triste pero justa?
Mira melancólica al Norte,
único rival de blancura.
Pero él no luce como ella
que a sus hermanas brillando oculta."
El valle entero
(de nuevo a una)
la miró tierno
cuál aceituna.
discutían jocosos gozando
de la esférica nube de rocío.
"Blanca crece madurando
hasta volverse el fruto mío,
y deja ejemplar manjar amargo
al dar luz y no brío."
Alegre de ego el Naranjo
aguardaba su mediocre sino.
Tras un largo bostezo de búho
decidióse el Pino lucirse:
"Las líneas son el gris ardúo
de nuestros hermanos calcinados.
Escojamos el humo sin alpiste."
Asistieron todos en ráfaga ventosa;
desde el incrédulo Abedul
hasta la Rosa vanidosa.
Una Mala Hierba,
en todos lados a la sombra,
delató cual fornicante cerda:
"¡El Olivo! ¡Los Olivos!
Callados pero quietos,
subiditos en su cerca."
(Cada Olivo del sangriento valle
ve un profundo reflejo
en el albino talle).
"Lamentareís nuestra visión mustia."
Advirtió calmo el Olivar.
"La Luna aceitosa, la Luna de las angustias.
¿No veis sus ojos bajos
de soledad triste pero justa?
Mira melancólica al Norte,
único rival de blancura.
Pero él no luce como ella
que a sus hermanas brillando oculta."
El valle entero
(de nuevo a una)
la miró tierno
cuál aceituna.