Alex Courant
Poeta adicto al portal
Uno que despierta, amanece, se levanta
y no deja dormir al tacto con sus ojos abiertos
y viste al corazón acuchillado por la fiebre
con un mismo traje y desabridas corbatas.
Uno que es la culebra enroscada
cambiado de piel entre las sombras,
exhalando un cigarro por la boca del humo,
pariendo sirenas por las calles,
hurgando, desesperado, en bolsillos rotos por el sueño.
Uno que en el desayuno se pone a discutir con el café
porqué los olvidos no tienen memoria.
Que discute y discute con las tostadas
porqué se incesta con la propia soledad.
Que reclama, conmovido, al aliento
porqué los silencios aún tienen eco.
Uno que se dirige al baño y mezcla ángeles y demonios
con la resaca de dios en el escusado.
Uno que es uno, discutiendo de repente su nombre,
frente al espejo, con un extraño.
.
y no deja dormir al tacto con sus ojos abiertos
y viste al corazón acuchillado por la fiebre
con un mismo traje y desabridas corbatas.
Uno que es la culebra enroscada
cambiado de piel entre las sombras,
exhalando un cigarro por la boca del humo,
pariendo sirenas por las calles,
hurgando, desesperado, en bolsillos rotos por el sueño.
Uno que en el desayuno se pone a discutir con el café
porqué los olvidos no tienen memoria.
Que discute y discute con las tostadas
porqué se incesta con la propia soledad.
Que reclama, conmovido, al aliento
porqué los silencios aún tienen eco.
Uno que se dirige al baño y mezcla ángeles y demonios
con la resaca de dios en el escusado.
Uno que es uno, discutiendo de repente su nombre,
frente al espejo, con un extraño.
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