Llego de un mundo
arrinconado de odios,
y hoy me encuentro ensoñando
en un rumbo disperso.
El tiempo de las manos
es hoy un laberinto,
en donde recostarse
para comprar alivio.
Nada puede volver,
sin caer en la trampa.
En pedazos naufragan
la multitud de intentos,
los labios que callaron,
que dijeron,
que temblaron de frío
y de hastío.
Acuerdos que el destino
ha quemado
bajo nuestras narices.
Ocultos los pesares
pesados en los días,
estatuas infelices
repletas de sonrisas,
estampadas coronas
decorando sus lápidas.
Se arrastran a los campos
donde mueren las sombras,
y todas las respuestas
se esconden de la lluvia.
Sobre nuestra memoria
se desató un diluvio,
y he perdido el abrazo
en medio del encuentro.
Tal vez no supe agasajarle
cuando nada traía.
arrinconado de odios,
y hoy me encuentro ensoñando
en un rumbo disperso.
El tiempo de las manos
es hoy un laberinto,
en donde recostarse
para comprar alivio.
Nada puede volver,
sin caer en la trampa.
En pedazos naufragan
la multitud de intentos,
los labios que callaron,
que dijeron,
que temblaron de frío
y de hastío.
Acuerdos que el destino
ha quemado
bajo nuestras narices.
Ocultos los pesares
pesados en los días,
estatuas infelices
repletas de sonrisas,
estampadas coronas
decorando sus lápidas.
Se arrastran a los campos
donde mueren las sombras,
y todas las respuestas
se esconden de la lluvia.
Sobre nuestra memoria
se desató un diluvio,
y he perdido el abrazo
en medio del encuentro.
Tal vez no supe agasajarle
cuando nada traía.
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