Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Por efecto sinestésico de orden cultural
el vocablo distancia me huele a azul.Sí, Azul... como ese repugnante libro modernista
del Darío más chabacano e insufrible.
Haz de cuenta, querida, que estás aquí
y que te estoy hablando, pero entre tú y yohay un azul de kilómetros de años quinqué
que en realidad son unos amoratados centímetros
de nostalgia babosa que con gran placer
acudirían a tu entierro a rezarte piadosos rosarios,
hasta que te hincharas de muina
—te me estás poniendo gorda, bebé—
con tus ganas de interrumpirme delegadas a las pupas
y sin poder lanzarme a la cara la sartén sin los huevos
que según tú me faltaban
para mandarte al carajo, y tan bien te mandé
que de allá no has vuelto.
Ves, cómo no va a ser azul esa distancia
si te extraño como se extraña el papel de baño,pero igual puedo ir por la vida sin ti,
con un pie mal vestido, la panza ligera
y el culo limpio oliendo a calcetín.
Peor es el azul que separa a esta colilla casi apagada
de mi primer día de escuela; un grito de cielo azulenterrado en un cagadal de nubes negras:
¡No entres ahí!, le grito al yo Pedrito
—chula rima se me arrima—, que te van a enseñar a leer
mi mamá me mima,
cuando bien sabemos que nuestra santa madre
muchas veces se ha preguntado
¿Por qué no usé condón con ese pendejo?
Tristes urgencias de San Valentín,
sobrecostos a finales de noviembre.
Huye, pequeño Pedro, avienta tu mochila de los Thundercats
y por nada del mundo vengas a mí.
Pero igual llegas con los humos azules,
hago de cuenta que estoy conmigo otro,
te miro todo agujereado como si te hubieran exhibido
en una colección de lepidópteros exóticos
porque te obligaron a recitar El brindis del bohemio
el día del santo condón extraviado,
del fallido coitus interruptus, o sea, no te vengas adentro,
que odio los pinches diez de mayo;
ay, esos jodidos maestros que vertían tamaños lagrimones
tan solo con escucharte decir Juventud, divino tesoro…
porque nunca leyeron la inscripción
a la entrada de la vocacional
del Infierno: Abandonad toda esperanza.
Llegas abatido, niño inquieto de mi cenicero,
cansado de que te llamen nuestro futuro poetacomo si fuera un augurio siniestro,
una maldición de los astros.
Y quisiera hablarte de los distintos tonos del azul
que tiene la distancia, pero solo te pregunto:
¿Dónde está tu perro que era caballo;
dónde está tu gato que era escudero?
Y tú, como un Principito tercermundista, no me respondes,
me miras intrigado, y repites por enésima vez
¿a qué estamos jugando?
Jugamos a lo de siempre, Pedrito: a que nos hacemos viejos.
29 de julio de 2023
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