Ardiente noche esta,
que como tantas
me encuentra solo,
con el alma en un vaso,
y un papel en la mano.
Te imagino sí,
pero en el humo, leve,
de este último cigarro,
que se disipa tenue
en este aire pesado.
Las voces pasan,
las lejanas y las otras.
Pero mi soledad
resiste la compañía,
y me atrapa en el cálido
y único placer,
de su sola presencia.
¿Qué mejor ambiente hay
para que la soledad
me colme por completo?
¡Qué tristeza hay en el aire,
y que bello es todo esto!
¡Qué distante estás,
y qué feliz me encuentro!
Techo de estrellas,
luna quebrada,
corazón partido...
¡Y qué feliz me encuentro!
¿Qué mejor sitio
para la soledad,
que tu distancia?
Alguna vez te he dicho
que lo eres todo.
Alguna vez
me he equivocado en decirlo.
¡Qué bueno que es pensarte,
y no necesitarte!
Nuestro amor
es un náufrago errante,
que no encuentra regreso.
¡Y qué lejos estás!
¡Y qué lejos te he puesto!
¡Y que irreversible
me resulta el tiempo!
Ya no estás
en mis lentas mañanas,
ni en mis noches sin sueño.
Ya no tomas mi mano
entre tus manos.
Ni compartes mi cama
ni mi aliento perpetuo...
¡Y qué solo estoy!
¡Y qué solo me he puesto!
Sin tener un abrazo,
aquí,
abrigándome...
¡Qué dolor!
¡Qué soledad!
¡Y qué feliz me encuentro!
que como tantas
me encuentra solo,
con el alma en un vaso,
y un papel en la mano.
Te imagino sí,
pero en el humo, leve,
de este último cigarro,
que se disipa tenue
en este aire pesado.
Las voces pasan,
las lejanas y las otras.
Pero mi soledad
resiste la compañía,
y me atrapa en el cálido
y único placer,
de su sola presencia.
¿Qué mejor ambiente hay
para que la soledad
me colme por completo?
¡Qué tristeza hay en el aire,
y que bello es todo esto!
¡Qué distante estás,
y qué feliz me encuentro!
Techo de estrellas,
luna quebrada,
corazón partido...
¡Y qué feliz me encuentro!
¿Qué mejor sitio
para la soledad,
que tu distancia?
Alguna vez te he dicho
que lo eres todo.
Alguna vez
me he equivocado en decirlo.
¡Qué bueno que es pensarte,
y no necesitarte!
Nuestro amor
es un náufrago errante,
que no encuentra regreso.
¡Y qué lejos estás!
¡Y qué lejos te he puesto!
¡Y que irreversible
me resulta el tiempo!
Ya no estás
en mis lentas mañanas,
ni en mis noches sin sueño.
Ya no tomas mi mano
entre tus manos.
Ni compartes mi cama
ni mi aliento perpetuo...
¡Y qué solo estoy!
¡Y qué solo me he puesto!
Sin tener un abrazo,
aquí,
abrigándome...
¡Qué dolor!
¡Qué soledad!
¡Y qué feliz me encuentro!
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