marquelo
Negrito villero
Divagaciones al pie de un llanto;
noche telúrica que cierne su ola viuda
sobre nuestro viejo puerto humano,
e impávidos, nos dejamos caer
el el infinito abismo de nuestros ojos de laberinto.
Siempre la noche y no el día
la horas y no el canto
y la noche donde Vallejo siempre muere,
cae la lluvia como bloque, sepultando
el verso en una herida. Él diría: "Estoy sangrando hinchado en mi tonel..."
quizás, quizás...
Las palabras me cuidan a las doce, a la una, a las dos de la luna;
pero a las tres los pájaros duermen y la ceniza brilla
por eso nado sin cardúmenes ni delfines
por eso el silencio es infinito
y me ahogo en la orilla de un sonido.
Divagaciones al pie de un llanto
es un remolino que pisa fuerte a pie de atleta blanco
y se agiganta en un enorme sustantivo de naufragio
por eso el diablo es el primer hombre enfermo que llora
en sus oficinas de Wall Street y nunca reza
porque su noche ya es viuda y no tiene a Dios en sus espejos.
Dios es otra cosa, señores...
tal vez sea una casa
donde siempre habitamos destruyéndola
pero él siempre paga nuestros predios,
quizás sea hierba dividida en tres besos
que envuelve cada extremidad de nuestra vida...
quizás,
tal vez,
quién sabe...
En fin, es tarde para seguir velando mi sombra
en el mismo panteón...
noche telúrica que cierne su ola viuda
sobre nuestro viejo puerto humano,
e impávidos, nos dejamos caer
el el infinito abismo de nuestros ojos de laberinto.
Siempre la noche y no el día
la horas y no el canto
y la noche donde Vallejo siempre muere,
cae la lluvia como bloque, sepultando
el verso en una herida. Él diría: "Estoy sangrando hinchado en mi tonel..."
quizás, quizás...
Las palabras me cuidan a las doce, a la una, a las dos de la luna;
pero a las tres los pájaros duermen y la ceniza brilla
por eso nado sin cardúmenes ni delfines
por eso el silencio es infinito
y me ahogo en la orilla de un sonido.
Divagaciones al pie de un llanto
es un remolino que pisa fuerte a pie de atleta blanco
y se agiganta en un enorme sustantivo de naufragio
por eso el diablo es el primer hombre enfermo que llora
en sus oficinas de Wall Street y nunca reza
porque su noche ya es viuda y no tiene a Dios en sus espejos.
Dios es otra cosa, señores...
tal vez sea una casa
donde siempre habitamos destruyéndola
pero él siempre paga nuestros predios,
quizás sea hierba dividida en tres besos
que envuelve cada extremidad de nuestra vida...
quizás,
tal vez,
quién sabe...
En fin, es tarde para seguir velando mi sombra
en el mismo panteón...
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