Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
No me creen la edad ¡qué puedo hacer!,
mi alma acaba de cumplir noventa y nueve,
no hubo discurso bonito, ni piñata, ni pastel,
el corazón a media fuerza, nada lo mueve.
Soy inmune a los comentarios que oigo de mí,
saludo siempre y de frente a mis enemigos,
voy río abajo, gracias a Dios hay trabajo aquí,
formateo mi disco duro, para hacer lista de amigos.
Dibujándome una sonrisa soy mi propia Mona Lisa,
lleno de apuntes la libreta, recluto falsos profetas,
le aplancho otra arruga a mi camisa
y al postre me acuesto y cuento las nubes quietas.
No me creen la edad y eso que soy sincero,
el documento de identidad sólo es un papel,
en medio del día susurro que todavía quiero
un trozo de paz, un circo, un grito, un clavel.
Vuelvo a pisar sin miedo el mismo agujero,
saco la basura, miro calle abajo,
a lo lejos escucho como ladra el perro,
cierro el portón y muero, gracias a Dios hay trabajo.
mi alma acaba de cumplir noventa y nueve,
no hubo discurso bonito, ni piñata, ni pastel,
el corazón a media fuerza, nada lo mueve.
Soy inmune a los comentarios que oigo de mí,
saludo siempre y de frente a mis enemigos,
voy río abajo, gracias a Dios hay trabajo aquí,
formateo mi disco duro, para hacer lista de amigos.
Dibujándome una sonrisa soy mi propia Mona Lisa,
lleno de apuntes la libreta, recluto falsos profetas,
le aplancho otra arruga a mi camisa
y al postre me acuesto y cuento las nubes quietas.
No me creen la edad y eso que soy sincero,
el documento de identidad sólo es un papel,
en medio del día susurro que todavía quiero
un trozo de paz, un circo, un grito, un clavel.
Vuelvo a pisar sin miedo el mismo agujero,
saco la basura, miro calle abajo,
a lo lejos escucho como ladra el perro,
cierro el portón y muero, gracias a Dios hay trabajo.