Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
DOLOR DE TARDE ENTRE TÚ Y YO
Tú y yo.
Tú escondida en tu espejismo
desde donde me miras
antiguo, quizás pesaroso.
Vives tras esa cortina que la luz aflige
y trasluce la otra parte irreprensible
que solo yo veo en ti
desnuda y frágil
casi insuflando un vapor de misterio,
susurros anhelantes que despotrican de la tarde.
¿Cómo puedo tocarte,
cómo pudiera acercarme citadino a tu verja;
cruzar contigo la senda
que desproporciona tus formas
liquidando tu vago ostracismo?
¿Cómo acercarme a tu vera?
Vivir en tu morada que demarca la sombra,
algo así como nube extinguida y traslúcida;
retahíla y enredo al comenzar la siesta
desbande de horarios donde no estoy,
ni nunca estaré acompañándote.
Tú y yo
descalzos
abatidos
por la nieve del verano
arrostramos la música que desenvaina el invierno
e inunda la paz de los bosques
los vahídos que quizá copulan con el viento.
Tú y yo,
exclamación tardía del dolor,
del ocaso al que le duelen los ojos
porque nadie lo está mirando, ni viviendo,
nadie ha venido antes a visitarlo
sólo tú, -extraña causa, pavor y vértigo-,
pero yo vine sin ti.
Tú y yo.
Tú escondida en tu espejismo
desde donde me miras
antiguo, quizás pesaroso.
Vives tras esa cortina que la luz aflige
y trasluce la otra parte irreprensible
que solo yo veo en ti
desnuda y frágil
casi insuflando un vapor de misterio,
susurros anhelantes que despotrican de la tarde.
¿Cómo puedo tocarte,
cómo pudiera acercarme citadino a tu verja;
cruzar contigo la senda
que desproporciona tus formas
liquidando tu vago ostracismo?
¿Cómo acercarme a tu vera?
Vivir en tu morada que demarca la sombra,
algo así como nube extinguida y traslúcida;
retahíla y enredo al comenzar la siesta
desbande de horarios donde no estoy,
ni nunca estaré acompañándote.
Tú y yo
descalzos
abatidos
por la nieve del verano
arrostramos la música que desenvaina el invierno
e inunda la paz de los bosques
los vahídos que quizá copulan con el viento.
Tú y yo,
exclamación tardía del dolor,
del ocaso al que le duelen los ojos
porque nadie lo está mirando, ni viviendo,
nadie ha venido antes a visitarlo
sólo tú, -extraña causa, pavor y vértigo-,
pero yo vine sin ti.
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