Dolor que mata.

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No despiertes mis iras
ni mis rabias,
estate dormida,
estate callada.
No me despiertes
por las noches,
no necesito
tus molestias
ni tus ganas de hurgar
en mi calma.
¡Cállate!,
que ni te sienta...,
pero llegas y pinchas,
clavas,
odias,
¡matas!,
haces que me vuelva
feroz,
indomable,
insurrecta,
luchadora sin armas.
Al fin lo consigues:
tu victoria de dos minutos
y caigo derrotada,
hinco la rodilla en el suelo
y muero
poseída por tu dolor.​


¡Precioso..! Me encantó.
Un abrazo.
Xosé.
 
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No despiertes mis iras
ni mis rabias,
estate dormida,
estate callada.
No me despiertes
por las noches,
no necesito
tus molestias
ni tus ganas de hurgar
en mi calma.
¡Cállate!,
que ni te sienta...,
pero llegas y pinchas,
clavas,
odias,
¡matas!,
haces que me vuelva
feroz,
indomable,
insurrecta,
luchadora sin armas.
Al fin lo consigues:
tu victoria de dos minutos
y caigo derrotada,
hinco la rodilla en el suelo
y muero
poseída por tu dolor.​



Vencida por el dolor
por las tristezas que te circundan
y te hacen caer.
Estrellas a tu pluma.
Abracitos.
Ana
 
Cuantos motivos diferentes existirán para llegar al dolor...
Quien no ha tenido nunca esta sensación?
Describes perfectamente esto que nos llega y domina,
dolor que se invita y mora hasta que un milagro nos resucite.
Estimada Eralda te dejo dolorido para regresar contento.
Bellas y fuertes lineas, un placer pasar a saludarte.
 
que bueno tu poema, muy fuerte, y claro.
esa lucha interna que vivimos a diario, sentimos que no sirve de nada cuando perdemos así sea solo por 2 minutos, porque en realidad a veces perdemos, pero nunca ganamos.
un cálido abrazo desde Colombia
 
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No despiertes mis iras
ni mis rabias,
estate dormida,
estate callada.
No me despiertes
por las noches,
no necesito
tus molestias
ni tus ganas de hurgar
en mi calma.
¡Cállate!,
que ni te sienta...,
pero llegas y pinchas,
clavas,
odias,
¡matas!,
haces que me vuelva
feroz,
indomable,
insurrecta,
luchadora sin armas.
Al fin lo consigues:
tu victoria de dos minutos
y caigo derrotada,
hinco la rodilla en el suelo
y muero
poseída por tu dolor.
Indefension y malestar cuando el dolor
del alma se suspende entre secretas
sonoridades. aparece entonces una
dejadez absoluta.
felicidades.
 
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No despiertes mis iras
ni mis rabias,
estate dormida,
estate callada.
No me despiertes
por las noches,
no necesito
tus molestias
ni tus ganas de hurgar
en mi calma.
¡Cállate!,
que ni te sienta...,
pero llegas y pinchas,
clavas,
odias,
¡matas!,
haces que me vuelva
feroz,
indomable,
insurrecta,
luchadora sin armas.
Al fin lo consigues:
tu victoria de dos minutos
y caigo derrotada,
hinco la rodilla en el suelo
y muero
poseída por tu dolor.
Me gustó, intenso y bello. Un abrazo amiga Eralda. Paco.
 

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