viento-azul
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tal vez no sea justo intervenir
en los designios del dolor,
llenarse los bolsillos de su plenitud
en exacerbada penitencia,
recorrer sus pasos como si fuera un lugar.
Tal vez las endorfinas, los calmantes,
las anestesias, sean otra forma de morir,
a plazos, a cachitos inconscientes.
Y haya que olvidarse de olvidar
para recordar reconocerse.
Mirar las llagas con el orgullo
que concede la sangre propia,
y seguir descalzo sobre horas puntiagudas,
desazones de espino ponzoñoso,
volver atrás para mirarse a la cara y decir:
- No te quejes, después es peor,
cuando el dolor ha huido no queda realmente nada,
Y el silencio anuncia a la soledad
como un mimo que hace de presentador.
en los designios del dolor,
llenarse los bolsillos de su plenitud
en exacerbada penitencia,
recorrer sus pasos como si fuera un lugar.
Tal vez las endorfinas, los calmantes,
las anestesias, sean otra forma de morir,
a plazos, a cachitos inconscientes.
Y haya que olvidarse de olvidar
para recordar reconocerse.
Mirar las llagas con el orgullo
que concede la sangre propia,
y seguir descalzo sobre horas puntiagudas,
desazones de espino ponzoñoso,
volver atrás para mirarse a la cara y decir:
- No te quejes, después es peor,
cuando el dolor ha huido no queda realmente nada,
Y el silencio anuncia a la soledad
como un mimo que hace de presentador.