abcd
Poeta adicto al portal
Sobre amapolas
gira introvertido,
montado a su mariposa
sin sueños,
el pequeño gran gigante
de las horas de la siesta.
Lleva en su bolsillo
una perla
de esotérico valor,
una canica japonesa
que encontró
una mañana
en algún inhóspito cajón.
Su sonrisa,
un pluvial
de emociones inusitadas.
Se refleja,
impávido en los ojos
de la miseria,
los adultos que altivos
siempre terminan
por tropezar en las pestañas
de su hada,
blanca, tenue
jamás antes imaginada.
Asombrado,
no llega a entender
el poder del viento,
que en una ráfaga
a su rosa ha disuelto.
Anonadado
asiste a su entierro
con blancas flores
del jardín de al lado.
Sostiene
un sable de ilusiones,
que no es más
que una rama de voraz zumbido
y es su capa anti-prejuicios
la caricia de su madre
en la bienvenida al hogar.
A nada le teme
subido en su mariposa,
peregrino del oro
de los visitantes,
él colecciona
codiciadas estampitas
de besos austeros en la frente.
Me pregunto
si el tiempo
lo volverá ajeno
a su lágrima por la rosa,
a su rama que nada destroza.
Me pregunto
si el tiempo
le devolverá
a su gracia
su canica preciosa,
si le devolverá
a su desdén
el volar en mariposas.
Si el tiempo
le dará una enamorada
tiernamente inocente como su hada.
Mientras tanto
ríe de mil formas
el pequeño gigante
de la siesta,
cuando en despropósito de la tarde
el viento a mis ideas acecha.
gira introvertido,
montado a su mariposa
sin sueños,
el pequeño gran gigante
de las horas de la siesta.
Lleva en su bolsillo
una perla
de esotérico valor,
una canica japonesa
que encontró
una mañana
en algún inhóspito cajón.
Su sonrisa,
un pluvial
de emociones inusitadas.
Se refleja,
impávido en los ojos
de la miseria,
los adultos que altivos
siempre terminan
por tropezar en las pestañas
de su hada,
blanca, tenue
jamás antes imaginada.
Asombrado,
no llega a entender
el poder del viento,
que en una ráfaga
a su rosa ha disuelto.
Anonadado
asiste a su entierro
con blancas flores
del jardín de al lado.
Sostiene
un sable de ilusiones,
que no es más
que una rama de voraz zumbido
y es su capa anti-prejuicios
la caricia de su madre
en la bienvenida al hogar.
A nada le teme
subido en su mariposa,
peregrino del oro
de los visitantes,
él colecciona
codiciadas estampitas
de besos austeros en la frente.
Me pregunto
si el tiempo
lo volverá ajeno
a su lágrima por la rosa,
a su rama que nada destroza.
Me pregunto
si el tiempo
le devolverá
a su gracia
su canica preciosa,
si le devolverá
a su desdén
el volar en mariposas.
Si el tiempo
le dará una enamorada
tiernamente inocente como su hada.
Mientras tanto
ríe de mil formas
el pequeño gigante
de la siesta,
cuando en despropósito de la tarde
el viento a mis ideas acecha.