Pablo walfisch
Pablo walfisch
Y así nos vimos en esos lugares distantes, así sin vernos.
A cada lado de la calle se proyecta la sombra, y nos hace incrédulos, desconocidos, peligrosamente invisibles.
Preguntarse si la noche nos desconoce y se lleva lo más querido, sería ver correr las lágrimas en el río.
Pensar en escondernos.
¿Para qué escondernos?
Golpear las puertas de lo desconocido, y tener ese solo intento.
Pensar la distancia con otros ojos, pensar la distancia y no el olvido, nada más pensar.
Y si de algo sirve, recordar.
Así nos vimos.
Fantasmas cayendo en los lugares comunes.
Fantasmas adivinando rostros invisibles, desnudos fantasmas.
Y como si nada, ya es Domingo.
Y seguimos, sin querer, a las sombras.
Y no es poca cosa.
A cada lado de la calle se proyecta la sombra, y nos hace incrédulos, desconocidos, peligrosamente invisibles.
Preguntarse si la noche nos desconoce y se lleva lo más querido, sería ver correr las lágrimas en el río.
Pensar en escondernos.
¿Para qué escondernos?
Golpear las puertas de lo desconocido, y tener ese solo intento.
Pensar la distancia con otros ojos, pensar la distancia y no el olvido, nada más pensar.
Y si de algo sirve, recordar.
Así nos vimos.
Fantasmas cayendo en los lugares comunes.
Fantasmas adivinando rostros invisibles, desnudos fantasmas.
Y como si nada, ya es Domingo.
Y seguimos, sin querer, a las sombras.
Y no es poca cosa.