GABRIEL GUILLERMO
Poeta recién llegado
Un vientito incómodo zumbaba
entre los edificios,
la ciudad bostezaba su domingo
con párpados de persianas desenrolladas.
Podría haberme llenado
la cabeza de recuerdos,
dejarlos gotear como miel y manteca
sobre la tostada del desayuno.
O alentar
nuevas aventuras compartidas,
con la torpeza deliciosa
de dos sombras enamoradas.
El asfalto y las veredas
respiraban tan lento como yo.
Lucíamos cansados,
también.
Había algo en el aire.
Una promesa,
un deseo,
un augurio,
una premonición,
algo que aún no sé nombrar,
rozándome la frente,
dándome vueltas en la mente.
Pidiéndome que eligiera
este futuro breve
que empieza
cuando tu mano
toca la mía.
A partir de hoy,
si el tiempo nos deja.
G.G.G.
ENE/2026
entre los edificios,
la ciudad bostezaba su domingo
con párpados de persianas desenrolladas.
Podría haberme llenado
la cabeza de recuerdos,
dejarlos gotear como miel y manteca
sobre la tostada del desayuno.
O alentar
nuevas aventuras compartidas,
con la torpeza deliciosa
de dos sombras enamoradas.
El asfalto y las veredas
respiraban tan lento como yo.
Lucíamos cansados,
también.
Había algo en el aire.
Una promesa,
un deseo,
un augurio,
una premonición,
algo que aún no sé nombrar,
rozándome la frente,
dándome vueltas en la mente.
Pidiéndome que eligiera
este futuro breve
que empieza
cuando tu mano
toca la mía.
A partir de hoy,
si el tiempo nos deja.
G.G.G.
ENE/2026