musador
esperando...
El pasado mes de enero
hanse cumplido cien años
de que dejó los estaños
Benito Pérez Galdós.
Con su mirada de lince
que usaba de catalejo,
la perdió ya siendo viejo,
¡ay, cuántas cosas que vió!
La sociedad de su tiempo
con pormenor la describe
escudriñando el aljibe
de las charlas de café,
sin esquivarle tampoco
los ojos a los secretos,
tan solo para indiscretos,
de la vida de burdel.
Una red de personajes
tramada con gran cuidado
nos lleva de lado a lado
por las calles de Madrid:
espiando va por las ferias,
las casitas y casonas,
a doncellas regalonas
y caballeros de lid.
La umbra de los conventos
no la trata con lisonjas,
la dulzura de las monjas
la pinta con gusto a hiel.
Y si de curas escribe
con ironía se ensaña,
con la lengua se da maña
para ser hasta cruel.
La ilusión del matrimonio
la cuenta de cuerpo entero,
se detiene con esmero
en toda su realidad:
la doméstica miseria,
encantos de la mentira,
hipocresía en la ira
ante la infidelidad.
El elogio de su lengua
vale capítulo aparte:
aquí se ve todo el arte
que lucía nuestro autor.
Una riqueza asombrosa
despliega en las descripciones,
dejándonos sus lecciones
del verbo del narrador.
Decires del madrileño
de esos tiempos agitados
nos dejó aquí registrados
con su afilado cincel:
una muestra de coraje
en toda literatura
dar cuenta de la hermosura
de la lengua en forma fiel.
Ya terminando este elogio
yo quisiera confesarme,
vine tarde a desasnarme
en esta lectura hoy:
me fui a examen en la escuela
por no tenerlo leído,
el pecado cometido
lo pago con lo que soy.
Nota. Los comentarios son sobre la monumental novela de Galdós «Fortunata y Jacinta», que marca un antes y un después en el realismo literario.
hanse cumplido cien años
de que dejó los estaños
Benito Pérez Galdós.
Con su mirada de lince
que usaba de catalejo,
la perdió ya siendo viejo,
¡ay, cuántas cosas que vió!
La sociedad de su tiempo
con pormenor la describe
escudriñando el aljibe
de las charlas de café,
sin esquivarle tampoco
los ojos a los secretos,
tan solo para indiscretos,
de la vida de burdel.
Una red de personajes
tramada con gran cuidado
nos lleva de lado a lado
por las calles de Madrid:
espiando va por las ferias,
las casitas y casonas,
a doncellas regalonas
y caballeros de lid.
La umbra de los conventos
no la trata con lisonjas,
la dulzura de las monjas
la pinta con gusto a hiel.
Y si de curas escribe
con ironía se ensaña,
con la lengua se da maña
para ser hasta cruel.
La ilusión del matrimonio
la cuenta de cuerpo entero,
se detiene con esmero
en toda su realidad:
la doméstica miseria,
encantos de la mentira,
hipocresía en la ira
ante la infidelidad.
El elogio de su lengua
vale capítulo aparte:
aquí se ve todo el arte
que lucía nuestro autor.
Una riqueza asombrosa
despliega en las descripciones,
dejándonos sus lecciones
del verbo del narrador.
Decires del madrileño
de esos tiempos agitados
nos dejó aquí registrados
con su afilado cincel:
una muestra de coraje
en toda literatura
dar cuenta de la hermosura
de la lengua en forma fiel.
Ya terminando este elogio
yo quisiera confesarme,
vine tarde a desasnarme
en esta lectura hoy:
me fui a examen en la escuela
por no tenerlo leído,
el pecado cometido
lo pago con lo que soy.
Nota. Los comentarios son sobre la monumental novela de Galdós «Fortunata y Jacinta», que marca un antes y un después en el realismo literario.
Última edición: