carlos lopez dzur
Poeta que considera el portal su segunda casa
Nada es lo que, de pronto, no se puede conocer.
El organizador, quien es aquel muy lleno de entusiasmo,
a Fini investiga. Doña Fini batalla con la Nada.
La niega con sus actos. La oscurece. La opaca.
Su gran secreto es Lana. La la la na...
A sus hijas de oro ha bautizado,
como mantras, Las Naninas.
El organizador, aquel que ama la vida,
dice que Doña Fini es la esperanza del sustento.
Otros seres dan Nada por todo.
Ella da Todo por nada, porque la Nada
no existe en realidad. Es una sombra del Todo.
Las hijas de Fini son más que finitudes.
Son desafiantes y endógenas, mensajeras
de interpersonalismo. Son inteligencias hormonales
que se ubican, coquetas, anhelantes, ante seres amorosos
que las quieren y saben quiénes son y a dónde van,
que no es otro lugar sino a sus casas, recintos
siete mil veces llamativos, como jardines dorados
por tanta flor de oro, don eficiente y preciso.
El organizador se ha enamorado de una de ellas.
Quiere a La Nanina Mayor, a Toña, la Oxitosa,
la niña enamorada que llaman la que dopa,
la mina de Fini, la Gran Madre, la FEA,
la linda anfetamina que da Todo por nada
porque el Todo existe por amor.
03-02-2002 / Del libro «Tantralia»
____
La feniletilamina (FEA, por sus siglas inglesas), como también finilananina, es una anfetamina que segrega el cuerpo humano, es una de las principales sustancias implicadas en el enamoramiento. Este compuesto activa la secreción de dopamina, un neurotransmisor implicado en las sensaciones de deseo y que nos hace repetir lo que nos proporciona placer, y de oxitocina, ésta implicada, entre otras funciones, en el deseo sexual.
DEDICATORIA: Doña Fini fue una vecina de mi niñez, hoy hará unos 30 a4os o más fallecida. Dicen y comprobé que fue una mujer muy fea; pero, quizás con las hijas más hermosas del barrio. También le llamaban Fini La Trincada. Ella tomó a mi mamá como confidente de sus miserias, sufrimientos con el único hijo varón que tuvo; pero fue una mujer muy sabia, cariñosa, especie de «bruja» buena y la primera espiritista que conocí. La recordé al escribir estos versos porque me decía que yo era un ALMA DE LUZ, adelantada, y me enumeraba personajes, dizque de los que yo fui en vidas pasadas. Siendo yo, muy chico entonces... sólo pienso que fui el único de la palomilla que no la llamé Fini La Fea ni Vieja Trincada (no era kardeciana, sino medio atea) y le respeté, sin entender una pizca de sus especulaciones esoteristas... Con el tiempo fue que supe que era lectora de Joaquín Trincado y por eso lo de atea y bruja... A ella dedico este poema.
El organizador, quien es aquel muy lleno de entusiasmo,
a Fini investiga. Doña Fini batalla con la Nada.
La niega con sus actos. La oscurece. La opaca.
Su gran secreto es Lana. La la la na...
A sus hijas de oro ha bautizado,
como mantras, Las Naninas.
El organizador, aquel que ama la vida,
dice que Doña Fini es la esperanza del sustento.
Otros seres dan Nada por todo.
Ella da Todo por nada, porque la Nada
no existe en realidad. Es una sombra del Todo.
Las hijas de Fini son más que finitudes.
Son desafiantes y endógenas, mensajeras
de interpersonalismo. Son inteligencias hormonales
que se ubican, coquetas, anhelantes, ante seres amorosos
que las quieren y saben quiénes son y a dónde van,
que no es otro lugar sino a sus casas, recintos
siete mil veces llamativos, como jardines dorados
por tanta flor de oro, don eficiente y preciso.
El organizador se ha enamorado de una de ellas.
Quiere a La Nanina Mayor, a Toña, la Oxitosa,
la niña enamorada que llaman la que dopa,
la mina de Fini, la Gran Madre, la FEA,
la linda anfetamina que da Todo por nada
porque el Todo existe por amor.
03-02-2002 / Del libro «Tantralia»
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La feniletilamina (FEA, por sus siglas inglesas), como también finilananina, es una anfetamina que segrega el cuerpo humano, es una de las principales sustancias implicadas en el enamoramiento. Este compuesto activa la secreción de dopamina, un neurotransmisor implicado en las sensaciones de deseo y que nos hace repetir lo que nos proporciona placer, y de oxitocina, ésta implicada, entre otras funciones, en el deseo sexual.
DEDICATORIA: Doña Fini fue una vecina de mi niñez, hoy hará unos 30 a4os o más fallecida. Dicen y comprobé que fue una mujer muy fea; pero, quizás con las hijas más hermosas del barrio. También le llamaban Fini La Trincada. Ella tomó a mi mamá como confidente de sus miserias, sufrimientos con el único hijo varón que tuvo; pero fue una mujer muy sabia, cariñosa, especie de «bruja» buena y la primera espiritista que conocí. La recordé al escribir estos versos porque me decía que yo era un ALMA DE LUZ, adelantada, y me enumeraba personajes, dizque de los que yo fui en vidas pasadas. Siendo yo, muy chico entonces... sólo pienso que fui el único de la palomilla que no la llamé Fini La Fea ni Vieja Trincada (no era kardeciana, sino medio atea) y le respeté, sin entender una pizca de sus especulaciones esoteristas... Con el tiempo fue que supe que era lectora de Joaquín Trincado y por eso lo de atea y bruja... A ella dedico este poema.