Donde duerme la lluvia

Rosa Reeder

Poeta que considera el portal su segunda casa
¿Dónde duerme la lluvia

cuando el cielo calla?

¿Dónde reposa su cuerpo de agua

cuando no cae,

cuando no canta

sobre los techos viejos,

ni acaricia los cristales

con dedos líquidos de nostalgia?


Tal vez duerme

en los hilos invisibles del aire,

tendida como un suspiro

entre nube y sombra,

sosteniéndose sin caer,

soñando su caída.


O quizás se acurruca

en los pliegues del viento,

en un rincón secreto

del silencio azul,

donde el trueno es niño

y las gotas aún no saben su forma.


¿Y si duerme en los ojos

de quien espera?

En la mirada quieta

de quien observa la sequía

como quien lee una carta sin tinta.

Tal vez la lluvia duerme

en la paciencia de los campos

que nunca dejan de mirar al cielo.


A veces pienso que duerme

en mi pecho,

en ese lugar

donde se guardan las cosas que no se dicen.

Allí la lluvia se vuelve memoria,

sal,

nudo,

y lágrima no derramada.


Duerme en los paraguas cerrados,

en los zapatos sin barro,

en las canciones tristes

que aún no han sido cantadas.

Duerme en los poemas

que se escriben con palabras húmedas,

con tinta que se corre

como si el verso también llorara.


Donde duerme la lluvia

hay promesa y peligro,

hay calma que inquieta

y un reloj que no marca el ahora.

Es un tiempo suspendido,

un borde de algo que aún no sucede,

pero que al llegar,

empapará todo lo que somos.


Y cuando despierta,

no pregunta si puede entrar.

Cae.

Desnuda.

Libre.

Y el mundo la recibe como se recibe el perdón:

con los ojos cerrados

y los brazos abiertos.


Rosa María Reeder
Derechos Reservados
 
¿Dónde duerme la lluvia

cuando el cielo calla?

¿Dónde reposa su cuerpo de agua

cuando no cae,

cuando no canta

sobre los techos viejos,

ni acaricia los cristales

con dedos líquidos de nostalgia?


Tal vez duerme

en los hilos invisibles del aire,

tendida como un suspiro

entre nube y sombra,

sosteniéndose sin caer,

soñando su caída.


O quizás se acurruca

en los pliegues del viento,

en un rincón secreto

del silencio azul,

donde el trueno es niño

y las gotas aún no saben su forma.


¿Y si duerme en los ojos

de quien espera?

En la mirada quieta

de quien observa la sequía

como quien lee una carta sin tinta.

Tal vez la lluvia duerme

en la paciencia de los campos

que nunca dejan de mirar al cielo.


A veces pienso que duerme

en mi pecho,

en ese lugar

donde se guardan las cosas que no se dicen.

Allí la lluvia se vuelve memoria,

sal,

nudo,

y lágrima no derramada.


Duerme en los paraguas cerrados,

en los zapatos sin barro,

en las canciones tristes

que aún no han sido cantadas.

Duerme en los poemas

que se escriben con palabras húmedas,

con tinta que se corre

como si el verso también llorara.


Donde duerme la lluvia

hay promesa y peligro,

hay calma que inquieta

y un reloj que no marca el ahora.

Es un tiempo suspendido,

un borde de algo que aún no sucede,

pero que al llegar,

empapará todo lo que somos.


Y cuando despierta,

no pregunta si puede entrar.

Cae.

Desnuda.

Libre.

Y el mundo la recibe como se recibe el perdón:

con los ojos cerrados

y los brazos abiertos.


Rosa María Reeder
Derechos Reservados
Una mezcla de esperanza y melancolía.
Y una inclinación natural de esperar y recibir.

Saludos
 
¿Dónde duerme la lluvia

cuando el cielo calla?

¿Dónde reposa su cuerpo de agua

cuando no cae,

cuando no canta

sobre los techos viejos,

ni acaricia los cristales

con dedos líquidos de nostalgia?


Tal vez duerme

en los hilos invisibles del aire,

tendida como un suspiro

entre nube y sombra,

sosteniéndose sin caer,

soñando su caída.


O quizás se acurruca

en los pliegues del viento,

en un rincón secreto

del silencio azul,

donde el trueno es niño

y las gotas aún no saben su forma.


¿Y si duerme en los ojos

de quien espera?

En la mirada quieta

de quien observa la sequía

como quien lee una carta sin tinta.

Tal vez la lluvia duerme

en la paciencia de los campos

que nunca dejan de mirar al cielo.


A veces pienso que duerme

en mi pecho,

en ese lugar

donde se guardan las cosas que no se dicen.

Allí la lluvia se vuelve memoria,

sal,

nudo,

y lágrima no derramada.


Duerme en los paraguas cerrados,

en los zapatos sin barro,

en las canciones tristes

que aún no han sido cantadas.

Duerme en los poemas

que se escriben con palabras húmedas,

con tinta que se corre

como si el verso también llorara.


Donde duerme la lluvia

hay promesa y peligro,

hay calma que inquieta

y un reloj que no marca el ahora.

Es un tiempo suspendido,

un borde de algo que aún no sucede,

pero que al llegar,

empapará todo lo que somos.


Y cuando despierta,

no pregunta si puede entrar.

Cae.

Desnuda.

Libre.

Y el mundo la recibe como se recibe el perdón:

con los ojos cerrados

y los brazos abiertos.


Rosa María Reeder
Derechos Reservados
Excelente poema estimada poeta. Un abrazo con la pluma del alma
 
¿Dónde duerme la lluvia

cuando el cielo calla?

¿Dónde reposa su cuerpo de agua

cuando no cae,

cuando no canta

sobre los techos viejos,

ni acaricia los cristales

con dedos líquidos de nostalgia?


Tal vez duerme

en los hilos invisibles del aire,

tendida como un suspiro

entre nube y sombra,

sosteniéndose sin caer,

soñando su caída.


O quizás se acurruca

en los pliegues del viento,

en un rincón secreto

del silencio azul,

donde el trueno es niño

y las gotas aún no saben su forma.


¿Y si duerme en los ojos

de quien espera?

En la mirada quieta

de quien observa la sequía

como quien lee una carta sin tinta.

Tal vez la lluvia duerme

en la paciencia de los campos

que nunca dejan de mirar al cielo.


A veces pienso que duerme

en mi pecho,

en ese lugar

donde se guardan las cosas que no se dicen.

Allí la lluvia se vuelve memoria,

sal,

nudo,

y lágrima no derramada.


Duerme en los paraguas cerrados,

en los zapatos sin barro,

en las canciones tristes

que aún no han sido cantadas.

Duerme en los poemas

que se escriben con palabras húmedas,

con tinta que se corre

como si el verso también llorara.


Donde duerme la lluvia

hay promesa y peligro,

hay calma que inquieta

y un reloj que no marca el ahora.

Es un tiempo suspendido,

un borde de algo que aún no sucede,

pero que al llegar,

empapará todo lo que somos.


Y cuando despierta,

no pregunta si puede entrar.

Cae.

Desnuda.

Libre.

Y el mundo la recibe como se recibe el perdón:

con los ojos cerrados

y los brazos abiertos.


Rosa María Reeder
Derechos Reservados
Ojalá que esa lluvia dormida nunca se acabe, porque mientras exista y aunque no nos moje, nos va a mantener vivos. Precioso poema, Rosa.
Saludos cordiales.
 
¿Dónde duerme la lluvia

cuando el cielo calla?

¿Dónde reposa su cuerpo de agua

cuando no cae,

cuando no canta

sobre los techos viejos,

ni acaricia los cristales

con dedos líquidos de nostalgia?


Tal vez duerme

en los hilos invisibles del aire,

tendida como un suspiro

entre nube y sombra,

sosteniéndose sin caer,

soñando su caída.


O quizás se acurruca

en los pliegues del viento,

en un rincón secreto

del silencio azul,

donde el trueno es niño

y las gotas aún no saben su forma.


¿Y si duerme en los ojos

de quien espera?

En la mirada quieta

de quien observa la sequía

como quien lee una carta sin tinta.

Tal vez la lluvia duerme

en la paciencia de los campos

que nunca dejan de mirar al cielo.


A veces pienso que duerme

en mi pecho,

en ese lugar

donde se guardan las cosas que no se dicen.

Allí la lluvia se vuelve memoria,

sal,

nudo,

y lágrima no derramada.


Duerme en los paraguas cerrados,

en los zapatos sin barro,

en las canciones tristes

que aún no han sido cantadas.

Duerme en los poemas

que se escriben con palabras húmedas,

con tinta que se corre

como si el verso también llorara.


Donde duerme la lluvia

hay promesa y peligro,

hay calma que inquieta

y un reloj que no marca el ahora.

Es un tiempo suspendido,

un borde de algo que aún no sucede,

pero que al llegar,

empapará todo lo que somos.


Y cuando despierta,

no pregunta si puede entrar.

Cae.

Desnuda.

Libre.

Y el mundo la recibe como se recibe el perdón:

con los ojos cerrados

y los brazos abiertos.


Rosa María Reeder
Derechos Reservados
Por aquí anda durmiendo la lluvia desde hace un par de días entre nubes y nostalgias, y los campos la siguen esperando tanto como las personas y sus melancolias.
Qué buen poema a la lluvia, la exterior y la interior.
Me gusta leer las intemperies con sus esperanzas.
Un saludote, Rosa.
 
Por aquí anda durmiendo la lluvia desde hace un par de días entre nubes y nostalgias, y los campos la siguen esperando tanto como las personas y sus melancolias.
Qué buen poema a la lluvia, la exterior y la interior.
Me gusta leer las intemperies con sus esperanzas.
Un saludote, Rosa.

Gracias Alonso Vicent
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba