Donde habita el mar

María Baena

Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Miembro del JURADO DE LA MUSA
No muy lejos de mi casa

habita el mar,

apenas lo veo ni lo siento

pero su humedad salada

me envuelve

como un beso cada mañana.

A veces lo visito,

lo percibo sereno

y su ruido suave y denso

me acompaña todo el camino

ahuyentándome los pensamientos,

llenándome de azul-verdoso

y de algas y peces.

Mi sangre se vuelve salada

y golpea tan rítmica como sus olas

y mis pies se aceleran

o se aquietan según su tambor de agua verde.

Alguna noche le oigo, franco,

desde mi ventana abierta

lo imagino triste, furioso,

sé de su golpeteo en el malecón de hormigón

y me entristezco;

le gustaría salir de su recinto estrecho

hasta llegar, manso,

a playas más lejanas,

hasta esconderse

y caminar por las calles despacio

como mucha gente

que él observa en su camino

y detenerse.

Pero su corazón azul-verde

late con fuerza

y no le deja que pare

hasta que ya, cansado,

retrocede despacio

lamiendo la arena fría, dura,

y pensando que a veces

no es su corazón fuerte

quien le empuja a enfurecerse,

que es la luna fría del cielo

que, por atraerle,

juega con él

y le vuelve loco

hasta agotarlo.
 
No muy lejos de mi casa

habita el mar,

apenas lo veo ni lo siento

pero su humedad salada

me envuelve

como un beso cada mañana.

A veces lo visito,

lo percibo sereno

y su ruido suave y denso

me acompaña todo el camino

ahuyentándome los pensamientos,

llenándome de azul-verdoso

y de algas y peces.

Mi sangre se vuelve salada

y golpea tan rítmica como sus olas

y mis pies se aceleran

o se aquietan según su tambor de agua verde.

Alguna noche le oigo, franco,

desde mi ventana abierta

lo imagino triste, furioso,

sé de su golpeteo en el malecón de hormigón

y me entristezco;

le gustaría salir de su recinto estrecho

hasta llegar, manso,

a playas más lejanas,

hasta esconderse

y caminar por las calles despacio

como mucha gente

que él observa en su camino

y detenerse.

Pero su corazón azul-verde

late con fuerza

y no le deja que pare

hasta que ya, cansado,

retrocede despacio

lamiendo la arena fría, dura,

y pensando que a veces

no es su corazón fuerte

quien le empuja a enfurecerse,

que es la luna fría del cielo

que, por atraerle,

juega con él

y le vuelve loco

hasta agotarlo.

Ensimismacion de sentidos, juego de sensaciones
que en recorrrido sutil van mezclandose con
esa vision profunda de un mar que envuelve
a un dulce estado de integridad.
felicidades por lo sublime expresado en la
obra. luzyabsenta
 

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