No muy lejos de mi casa
habita el mar,
apenas lo veo ni lo siento
pero su humedad salada
me envuelve
como un beso cada mañana.
A veces lo visito,
lo percibo sereno
y su ruido suave y denso
me acompaña todo el camino
ahuyentándome los pensamientos,
llenándome de azul-verdoso
y de algas y peces.
Mi sangre se vuelve salada
y golpea tan rítmica como sus olas
y mis pies se aceleran
o se aquietan según su tambor de agua verde.
Alguna noche le oigo, franco,
desde mi ventana abierta
lo imagino triste, furioso,
sé de su golpeteo en el malecón de hormigón
y me entristezco;
le gustaría salir de su recinto estrecho
hasta llegar, manso,
a playas más lejanas,
hasta esconderse
y caminar por las calles despacio
como mucha gente
que él observa en su camino
y detenerse.
Pero su corazón azul-verde
late con fuerza
y no le deja que pare
hasta que ya, cansado,
retrocede despacio
lamiendo la arena fría, dura,
y pensando que a veces
no es su corazón fuerte
quien le empuja a enfurecerse,
que es la luna fría del cielo
que, por atraerle,
juega con él
y le vuelve loco
hasta agotarlo.
habita el mar,
apenas lo veo ni lo siento
pero su humedad salada
me envuelve
como un beso cada mañana.
A veces lo visito,
lo percibo sereno
y su ruido suave y denso
me acompaña todo el camino
ahuyentándome los pensamientos,
llenándome de azul-verdoso
y de algas y peces.
Mi sangre se vuelve salada
y golpea tan rítmica como sus olas
y mis pies se aceleran
o se aquietan según su tambor de agua verde.
Alguna noche le oigo, franco,
desde mi ventana abierta
lo imagino triste, furioso,
sé de su golpeteo en el malecón de hormigón
y me entristezco;
le gustaría salir de su recinto estrecho
hasta llegar, manso,
a playas más lejanas,
hasta esconderse
y caminar por las calles despacio
como mucha gente
que él observa en su camino
y detenerse.
Pero su corazón azul-verde
late con fuerza
y no le deja que pare
hasta que ya, cansado,
retrocede despacio
lamiendo la arena fría, dura,
y pensando que a veces
no es su corazón fuerte
quien le empuja a enfurecerse,
que es la luna fría del cielo
que, por atraerle,
juega con él
y le vuelve loco
hasta agotarlo.