Navasdel
Poeta adicto al portal
"El ladrón de guante blanco
que deshonra al ladrón común"
En estos tiempos que corren,
donde nos dieron, nos vuelven a dar.
Tal es así, que antaño no tenía nada,
hoy tengo la mitad.
La codicia y el ansia de otros por tener
se ha vuelto tan perversa y rastrera
que con tal de poseer,
nadie duda en pisar a cualquiera.
Con el paso de los años,
uno ve, que tiene más deudas
que callos en las manos,
que se tienen más arrugas en la frente
que dinero en la cuenta corriente
y sin haber dejado de trabajar
y en muchos casos, lo que le queda a uno
lo encuentra frente al espejo; la dignidad.
Entonces surgen las preguntas de siempre:
-¿Dónde está el fruto de mi trabajo?-
-¿Dónde está el sudor de mi frente?-
-¿Dónde están mis amigos?-
-¿Dónde está mi gente?-
Son preguntas que se lanzan al aire
produciendo un eco vacío,
donde todo el calor que despedías
se ha convertido en frío.
Son preguntas retóricas
que vuelven al mismo sitio,
son preguntas huecas y vacías
que no tienen sentido.
Sobre todo para aquél que las escucha
y sigue su camino,
sobre todo para aquél que disfruta
del descanso que tú nunca has tenido,
sobre todo para aquél que despilfarra
la cosecha que tú has conseguido.
Son buitres y alimañas
sin escrúpulos ninguno
que por ser nobles y confiados
nos despluman uno a uno.
Es la pura realidad.
En estos tiempos de crisis, estos individuos
desarrollan su ingenio y habilidad,
son parásitos del prójimo
que chupan la sangre y algo más.
Son carroñeros de otra dimensión
que engordan sus cuentas y bandujos
mientras tú te aprietas el cinturón.
Y disfrutan a costa nuestra:
-!!Como brilla esa tarjeta¡¡-
más que las luces del burdel
donde nuestra es parte de la cuenta
y de ellos sólo el placer.
que deshonra al ladrón común"
En estos tiempos que corren,
donde nos dieron, nos vuelven a dar.
Tal es así, que antaño no tenía nada,
hoy tengo la mitad.
La codicia y el ansia de otros por tener
se ha vuelto tan perversa y rastrera
que con tal de poseer,
nadie duda en pisar a cualquiera.
Con el paso de los años,
uno ve, que tiene más deudas
que callos en las manos,
que se tienen más arrugas en la frente
que dinero en la cuenta corriente
y sin haber dejado de trabajar
y en muchos casos, lo que le queda a uno
lo encuentra frente al espejo; la dignidad.
Entonces surgen las preguntas de siempre:
-¿Dónde está el fruto de mi trabajo?-
-¿Dónde está el sudor de mi frente?-
-¿Dónde están mis amigos?-
-¿Dónde está mi gente?-
Son preguntas que se lanzan al aire
produciendo un eco vacío,
donde todo el calor que despedías
se ha convertido en frío.
Son preguntas retóricas
que vuelven al mismo sitio,
son preguntas huecas y vacías
que no tienen sentido.
Sobre todo para aquél que las escucha
y sigue su camino,
sobre todo para aquél que disfruta
del descanso que tú nunca has tenido,
sobre todo para aquél que despilfarra
la cosecha que tú has conseguido.
Son buitres y alimañas
sin escrúpulos ninguno
que por ser nobles y confiados
nos despluman uno a uno.
Es la pura realidad.
En estos tiempos de crisis, estos individuos
desarrollan su ingenio y habilidad,
son parásitos del prójimo
que chupan la sangre y algo más.
Son carroñeros de otra dimensión
que engordan sus cuentas y bandujos
mientras tú te aprietas el cinturón.
Y disfrutan a costa nuestra:
-!!Como brilla esa tarjeta¡¡-
más que las luces del burdel
donde nuestra es parte de la cuenta
y de ellos sólo el placer.
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