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No te tienta la espalda blanca del silencio? No te dan ganas de tatuar tus letras, de gritarle a sus renglones pulcros y de trajes apaisados en lo perfecto, lo que tu alma no calla. No te dan ganas cimbrar como olas su llanura, para surfear en ella y que la voz se monte a la adrenalina de un grito. Que lo cabalgues prendida a sus crines de libertad en la ceguera de lo incierto, no te dan ganas de decirle al oído a los castillos de vacío cuanto me necesitas a tu lado. Que los mudos caracoles escuchen el mar abierto del amor chocar con mi boca en lo profundo de tu pecho, (Y es ella la piedra de algodón que se bebe todos tus latidos). No te gustaría el milagro de desenterrar del abismo distante el barco que en ti se ha hundido, hazme el submarino que aprendió a no ahogarse en el total olvido, deshoja mis lastres y tráeme a la superficie de tu boca donde tu respiración sea la brisa que dance en mis velas, donde tu cintura sea la costa de azúcar y arena. Y las palmeras de tus pestañas sean la fresca sombra donde descansar mis días de tu ausencia. Ilumina con tu voz el camino de mis venas, que mi sangre encuentre en la música de tus cuerdas la melodía que haga sonreír a la tristeza. Vuelve a mi en un secreto, liviana como la pisada de una mariposa, fresca como el olor de una fruta madurando, ágil como las esporas al hacerle bucles al viento, tierna en el universo de mis asperezas. Desnuda mi corteza, ya no soy árbol en guerra, Soy el tegumento de un hombre lastimado, (soy concierto en vivo de mi propio desconcierto) Que quiere despertar de la dormancia, y que mis brotes se alcen en tu nombre gritando a la primavera todo el amor callado, mostrando en cada pétalo cada fragmento de tus pliegues, y en cada retoño de mis costillas la razón por la que te he amado.