Mauricio Rosales
Poeta recién llegado
Cuando la noche calma
en susurros de hojas su tiniebla,
con el manto inasible de la niebla,
vuelve la paz del alma
para insuflar el sueño
en el cuenco pequeño
de tu núbil mirada soñadora,
ya dormida te ves encantadora.
Cuando miro tu rostro
en el lecho espacioso donde anida
el descanso de la quietud dormida
de rodillas me postro
y elevo una plegaria
frente a la luminaria
del aura que circunda tu figura
con una majestad célica y pura.
en susurros de hojas su tiniebla,
con el manto inasible de la niebla,
vuelve la paz del alma
para insuflar el sueño
en el cuenco pequeño
de tu núbil mirada soñadora,
ya dormida te ves encantadora.
Cuando miro tu rostro
en el lecho espacioso donde anida
el descanso de la quietud dormida
de rodillas me postro
y elevo una plegaria
frente a la luminaria
del aura que circunda tu figura
con una majestad célica y pura.
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