Arkeidos
Poeta que considera el portal su segunda casa
Es tiempo de traer las luces...
Es tiempo de brillar
arropado de su resplandor.
Ser una estrella viviente
en un mar de oscuridad.
Olvidar mis huesos enterrados
en algún desierto sin nombre.
Ser alma que vuela
y descansar en la punta de una montaña.
Arrastrando las horas muertas.
Agitando mis pensamientos
en esos ríos de silencio.
Tejiendo las palabras
que resuenan en mi mente;
como el grito del miedo
que rasga las tinieblas
de una noche sin luceros
sin ángeles de alas protectoras.
Un rayo de luna helado
congela el tiempo.
La chispa de mis ojos
escudriñan la boca
que yace desnuda
de los tintes de belleza,
aquellos que enrojecen los labios.
Miro la boca rosada
en una niña de mirada triste
diciendo al viento:
“tengo fe en el Ángel
que viste el resplandor de la esperanza.
Me traerá estrellas blancas del firmamento
y veré noches de un profundo azul
libres de la negrura que habita
como mar hondo
de sombras de melancolía.
Tengo fe”
Es tiempo de traer las luces
que contienen la magia
de los milagros
para una niña triste.
Mi cielo negro puede esperar
así como mi corazón de piedra.
Y el llanto invisible de mi alma
que llora lágrimas largas
y puntiagudas como alfileres
que cortan las alas de la noche,
derramando la sangre voraz del abismo
bañando mi ser de sombra espesa.
Del profundo tornado aurinegro
aparece un Ángel negro
con rostro blanco de hueso brillante
rostro elegante de mujer.
Calavera que hechiza.
Dama de la muerte
beso su frente
más no sus labios que envenenan.
y la arrojo por donde vino.
Le arrebato las estrellas
que fueron mías
las cuales me robo con astucia
cuando mi espíritu estaba en decadencia.
Estrellas que colgaban como pendientes
en sus orejas,
son mías de nuevo.
Su luz semejante a un sol.
Su fuerza corre a través de mi sangre.
Se las obsequio a ella,
la niña triste.
Dos estrellas
mi valioso tesoro
una se llama “fe”
y la otra se llama “esperanza”.
En los brazos del consuelo
me aliviare del mordisco
de las serpientes del mal,
y el dolor desaparecerá.
Forjare estrellas nuevas
y entre palabras de alabanza
vendrán mis ojos de luz
y caerá el velo de ellos.
El futuro se ve mucho mejor
con la luz a mi lado.
Como escudo y como arma.
Como cura.
Como consuelo.
Como mi paz.
Como mi todo.
Es tiempo de brillar
arropado de su resplandor.
Ser una estrella viviente
en un mar de oscuridad.
Olvidar mis huesos enterrados
en algún desierto sin nombre.
Ser alma que vuela
y descansar en la punta de una montaña.
Arrastrando las horas muertas.
Agitando mis pensamientos
en esos ríos de silencio.
Tejiendo las palabras
que resuenan en mi mente;
como el grito del miedo
que rasga las tinieblas
de una noche sin luceros
sin ángeles de alas protectoras.
Un rayo de luna helado
congela el tiempo.
La chispa de mis ojos
escudriñan la boca
que yace desnuda
de los tintes de belleza,
aquellos que enrojecen los labios.
Miro la boca rosada
en una niña de mirada triste
diciendo al viento:
“tengo fe en el Ángel
que viste el resplandor de la esperanza.
Me traerá estrellas blancas del firmamento
y veré noches de un profundo azul
libres de la negrura que habita
como mar hondo
de sombras de melancolía.
Tengo fe”
Es tiempo de traer las luces
que contienen la magia
de los milagros
para una niña triste.
Mi cielo negro puede esperar
así como mi corazón de piedra.
Y el llanto invisible de mi alma
que llora lágrimas largas
y puntiagudas como alfileres
que cortan las alas de la noche,
derramando la sangre voraz del abismo
bañando mi ser de sombra espesa.
Del profundo tornado aurinegro
aparece un Ángel negro
con rostro blanco de hueso brillante
rostro elegante de mujer.
Calavera que hechiza.
Dama de la muerte
beso su frente
más no sus labios que envenenan.
y la arrojo por donde vino.
Le arrebato las estrellas
que fueron mías
las cuales me robo con astucia
cuando mi espíritu estaba en decadencia.
Estrellas que colgaban como pendientes
en sus orejas,
son mías de nuevo.
Su luz semejante a un sol.
Su fuerza corre a través de mi sangre.
Se las obsequio a ella,
la niña triste.
Dos estrellas
mi valioso tesoro
una se llama “fe”
y la otra se llama “esperanza”.
En los brazos del consuelo
me aliviare del mordisco
de las serpientes del mal,
y el dolor desaparecerá.
Forjare estrellas nuevas
y entre palabras de alabanza
vendrán mis ojos de luz
y caerá el velo de ellos.
El futuro se ve mucho mejor
con la luz a mi lado.
Como escudo y como arma.
Como cura.
Como consuelo.
Como mi paz.
Como mi todo.
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