charlie ía
tru váyolens
charlie, el elegido de los dioses
a cambio de la sangre de tus venas
algunas pequeñas comodidades cotidianas:
aire acondicionado
para caer en los brazos
del verano
un momento feliz de nezfliz
deslizando los dedos por debajo
de una amiga
muros gruesos con verjas de hierro,
la posibilidad de olvidar un poco
la deuda de sangre contraída
de la mano del alcohol.
basta
durante la mayor parte del tiempo
porque la certeza
de que los good times are not for everyone
reconforta a la pureza de espíritu
por supuesto, inevitablemente la tragedia
siempre llegará
bien lo sabemos-
al deslizar los pies hacia al otro lado
de la reja.
el humo negro de los fogones elevándose
como si godzilla redujera a cenizas
un par de torres gemelas;
la mierda de caballo
pestilente sobre el pavimento, todavía caliente
las mujeres, testigos presas del pánico
entre el llanto de la desesperación.
entidades que no conectan con la realidad,
balas de un hambre desconocida
alojándose
en la suavidad del tejido gástrico.
después de asegurar la cerradura,
me reconforto sabiendo
que el centro del universo
señala sin ápice de duda
a sus elegidos.
del otro lado de la reja
regocijarán sus estómagos
con la buena nueva del señor:
los buenos tiempos
no son para todos.
para destruir el mundo
hay ciertas verdades que me son
más fáciles de comprender que al resto,
teniendo conmigo
como las tengo
estas ansias
de derribar cualquier vestigio
de vida
sobre este planeta.
insistí en rechazarlas
intencionalmente
cuando pedí el café javanés
de once noventa y nueve
después de todo,
las llamas del infierno
me susurran al oído
que no puedo escapar
de sentarme a la mesa
junto a vos
para mezclarme con el resto.
pero veo
que el final del mundo es ahora mismo.
estas ganas de sujetarme firmemente
contra el fondo de tus genes
me hacen darme cuenta
de mi error.