Morgan H.Yabar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cavernosos lagrimales,
con su podrida alquimia y su sentido común
remendándose.
Te tiendes sobre la arena,
tejida de constelaciones
haces rigor de la crueldad,
cuando tu calidez
se llena del eco
de un cuerpo parecido al mío,
cuando las grietas
sofocan y abren
un abismo
y la lágrima que se evapora
deja formas como semillas
que se pierden a la luz del día.
Ya no tengo el refugio de la herida,
ni el incesante clamor del más allá
renovándose en mí sangre,
como gotas homicidas
listas para la partida.
En cambio, la lucidez
se retuerce encendida y ardiente.
Incapaz de cerrar los ojos.
satisfecha al fin.
Y no sé, si quiera
mejor arrancarme los ojos,
y cultivarlos en la tierra
de esta lógica absurda
que usa de espoleta
la sonrisa.