Wiccambar
Poeta adicto al portal
La sangre fluyó por las piernas
cuando engreído
el cuchillo de carne entro por la fuerza;
dolía
como dolía el amor
como dolía el pecado de la carne.
No aguanto el dolor
las paredes parecían rupturarse,
se hacían grietas de salvajismo
como una violación desconsentida.
Pero no,
así no fue como sucedió
ella quería, quería su cuerpo,
no era su culpa ser dotado como pocos hombres,
no había condena que juzgarle.
Sus ojos de fuego,
todo era grande,
muy grande y grueso,
un animal hecho hombre,
que llevado por el deseo
olvido que tenía a una mujer,
una frágil mujer…
Soporto ella silenciosa,
gemía,
mientras su sangre fluía,
como perder la virginidad por segunda vez.
Disfruto en quejidos de amor, de dolor,
tal vez… quiso el masoquismo.
No se olvida,
era dotado como a los dioses,
grande y robusto fue su roble,
y dolía, dolía mientras se habría camino
en su túnel deseado.
No hubo otro igual,
ni antes, ni después,
nadie había hecho ranuras
en las paredes de su frágil entraña,
nadie la había amado con tanta crueldad.
La sangre en las sabanas
dejaron huellas en sus pasos,
amaneció caminando despacio,
desgarrada
adolorida
amada…
cuando engreído
el cuchillo de carne entro por la fuerza;
dolía
como dolía el amor
como dolía el pecado de la carne.
No aguanto el dolor
las paredes parecían rupturarse,
se hacían grietas de salvajismo
como una violación desconsentida.
Pero no,
así no fue como sucedió
ella quería, quería su cuerpo,
no era su culpa ser dotado como pocos hombres,
no había condena que juzgarle.
Sus ojos de fuego,
todo era grande,
muy grande y grueso,
un animal hecho hombre,
que llevado por el deseo
olvido que tenía a una mujer,
una frágil mujer…
Soporto ella silenciosa,
gemía,
mientras su sangre fluía,
como perder la virginidad por segunda vez.
Disfruto en quejidos de amor, de dolor,
tal vez… quiso el masoquismo.
No se olvida,
era dotado como a los dioses,
grande y robusto fue su roble,
y dolía, dolía mientras se habría camino
en su túnel deseado.
No hubo otro igual,
ni antes, ni después,
nadie había hecho ranuras
en las paredes de su frágil entraña,
nadie la había amado con tanta crueldad.
La sangre en las sabanas
dejaron huellas en sus pasos,
amaneció caminando despacio,
desgarrada
adolorida
amada…
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