La Sexorcisto
Lluna V. L.
Muchas veces estás a punto
de mandar todo a la mierda
la vida produce muchas úlceras
pero también tiene sus ratos buenos
me acuerdo de aquellos fines de semana
en los que pasaba en aquella plazoleta del barrio
estupendas horas junto con mis amigas
estábamos allí en un banco sentadas
con nuestros pantalones negros apretados al culo
y
los tops ajustados al pecho
baja la sombra de las altas palmeras viejas
con algunas palomas rapiñando en el suelo
alrededor de una fuente a modo de pilar con copa
del que manaba una cortina de agua transparente
aquel lugar los fines de semana estaba muy concurrido
los bares sacaban mesas fuera
y
pululaba gente de todas las edades
de cuando en cuando algún grupo de tíos
se nos acercaba para ligar
y
nosotras nos reíamos sin mala intención
mientras hablábamos de tonterías sin importancia
algunos nos venían borrachos
y
se declaraban como locos poetas de hormonas alteradas
mientras bebíamos de nuestros improvisados
gin-lemonds en vasos de tubo de plástico
y
les seguíamos el juego a modo de fiesta
así las horas pasaban a toda velocidad llenas de vitalidad
la plazoleta era un hormiguero que no paraba
otros grupos de amigos se nos juntaban para beber
y
cotillear
y
se hacía de noche sin darte cuenta
dejando pasar las horas por puro placer
de mandar todo a la mierda
la vida produce muchas úlceras
pero también tiene sus ratos buenos
me acuerdo de aquellos fines de semana
en los que pasaba en aquella plazoleta del barrio
estupendas horas junto con mis amigas
estábamos allí en un banco sentadas
con nuestros pantalones negros apretados al culo
y
los tops ajustados al pecho
baja la sombra de las altas palmeras viejas
con algunas palomas rapiñando en el suelo
alrededor de una fuente a modo de pilar con copa
del que manaba una cortina de agua transparente
aquel lugar los fines de semana estaba muy concurrido
los bares sacaban mesas fuera
y
pululaba gente de todas las edades
de cuando en cuando algún grupo de tíos
se nos acercaba para ligar
y
nosotras nos reíamos sin mala intención
mientras hablábamos de tonterías sin importancia
algunos nos venían borrachos
y
se declaraban como locos poetas de hormonas alteradas
mientras bebíamos de nuestros improvisados
gin-lemonds en vasos de tubo de plástico
y
les seguíamos el juego a modo de fiesta
así las horas pasaban a toda velocidad llenas de vitalidad
la plazoleta era un hormiguero que no paraba
otros grupos de amigos se nos juntaban para beber
y
cotillear
y
se hacía de noche sin darte cuenta
dejando pasar las horas por puro placer
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