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Dramaturgia... de un perro ladrador. Imag. 13-Dic/2019
¡María! ¡Ábreme la puerta!
¡María!
¡Ábreme te he dicho!
No me seas mal bicho. ¡Me estoy mojando! ¡Joder!
No hagas que me arrepienta.
Tú sabes que yo te quiero. Que sin ti no vivo,
sin ti me muero.
No eches cuentas a lo que te dije.
Ese no era yo.
Te prometo, que voy a cambiar. Antes que volver a tocarte, me pego un tiro.
Ya sabes que soy un bocazas,
pero sin intención, tú ya me conoces,
a perro ladrador…
¡María! ¡María!
Mira, no te lo vuelvo a repetir.
¡María! ¡Abre de una vez!
¡No me seas llorona y abre!
No me provoques.
No ves que me estás provocando.
Si eres buena conmigo,
tu sabes, que yo lo soy contigo.
María, miraba por la ventana,
temblaba de miedo,
temblaba de frío.
Mareas de recuerdos la inundaban,
recuerdos mezclados, sin orden, ni concierto.
Luchas internas le atormentaban.
Entre el ayer, el hoy, y quien sabe,
quizá todavía les quede un futuro mañana.
Fueron muy felices, sobre todo al principio,
pero ahora…
no sabe,
puede que la culpa sea de ella,
que no sepa quererle,
que no le sepa hacer feliz.
Soy una inútil -piensa-,
él tiene razón.
Una egoísta,
que solo pienso en mí.
Me merezco lo que me hace.
Tengo que abrir y pedirle perdón.
Seguro que él lo entiende
y me abraza,
y no me hará daño. No me pegará.
Seguro que no…
María le abrió, un golpe seco tras cerrar la puerta…
se escuchó.
María, nunca más a la ventana
se asomó.
Nunca más en la ventana
se la vio.
Solo un reflejo en la ventana queda,
lágrimas sobre el cristal,
un espectro que llora.
¡María, ya no está!
Y él, ese “perro ladrador”. ¿Qué hace? ¿Dónde está?
Quizá haya todavía,
quien dé crédito y cobijo
a ese truhán.
A ese MALTRATADOR cobarde
y ASESINO.
¡María! ¡Ábreme la puerta!
¡María!
¡Ábreme te he dicho!
No me seas mal bicho. ¡Me estoy mojando! ¡Joder!
No hagas que me arrepienta.
Tú sabes que yo te quiero. Que sin ti no vivo,
sin ti me muero.
No eches cuentas a lo que te dije.
Ese no era yo.
Te prometo, que voy a cambiar. Antes que volver a tocarte, me pego un tiro.
Ya sabes que soy un bocazas,
pero sin intención, tú ya me conoces,
a perro ladrador…
¡María! ¡María!
Mira, no te lo vuelvo a repetir.
¡María! ¡Abre de una vez!
¡No me seas llorona y abre!
No me provoques.
No ves que me estás provocando.
Si eres buena conmigo,
tu sabes, que yo lo soy contigo.
María, miraba por la ventana,
temblaba de miedo,
temblaba de frío.
Mareas de recuerdos la inundaban,
recuerdos mezclados, sin orden, ni concierto.
Luchas internas le atormentaban.
Entre el ayer, el hoy, y quien sabe,
quizá todavía les quede un futuro mañana.
Fueron muy felices, sobre todo al principio,
pero ahora…
no sabe,
puede que la culpa sea de ella,
que no sepa quererle,
que no le sepa hacer feliz.
Soy una inútil -piensa-,
él tiene razón.
Una egoísta,
que solo pienso en mí.
Me merezco lo que me hace.
Tengo que abrir y pedirle perdón.
Seguro que él lo entiende
y me abraza,
y no me hará daño. No me pegará.
Seguro que no…
María le abrió, un golpe seco tras cerrar la puerta…
se escuchó.
María, nunca más a la ventana
se asomó.
Nunca más en la ventana
se la vio.
Solo un reflejo en la ventana queda,
lágrimas sobre el cristal,
un espectro que llora.
¡María, ya no está!
Y él, ese “perro ladrador”. ¿Qué hace? ¿Dónde está?
Quizá haya todavía,
quien dé cobijo a ese truhán.
¡María! ¡Ábreme la puerta!
¡María!
¡Ábreme te he dicho!
No me seas mal bicho. ¡Me estoy mojando! ¡Joder!
No hagas que me arrepienta.
Tú sabes que yo te quiero. Que sin ti no vivo,
sin ti me muero.
No eches cuentas a lo que te dije.
Ese no era yo.
Te prometo, que voy a cambiar. Antes que volver a tocarte, me pego un tiro.
Ya sabes que soy un bocazas,
pero sin intención, tú ya me conoces,
a perro ladrador…
¡María! ¡María!
Mira, no te lo vuelvo a repetir.
¡María! ¡Abre de una vez!
¡No me seas llorona y abre!
No me provoques.
No ves que me estás provocando.
Si eres buena conmigo,
tu sabes, que yo lo soy contigo.
María, miraba por la ventana,
temblaba de miedo,
temblaba de frío.
Mareas de recuerdos la inundaban,
recuerdos mezclados, sin orden, ni concierto.
Luchas internas le atormentaban.
Entre el ayer, el hoy, y quien sabe,
quizá todavía les quede un futuro mañana.
Fueron muy felices, sobre todo al principio,
pero ahora…
no sabe,
puede que la culpa sea de ella,
que no sepa quererle,
que no le sepa hacer feliz.
Soy una inútil -piensa-,
él tiene razón.
Una egoísta,
que solo pienso en mí.
Me merezco lo que me hace.
Tengo que abrir y pedirle perdón.
Seguro que él lo entiende
y me abraza,
y no me hará daño. No me pegará.
Seguro que no…
María le abrió, un golpe seco tras cerrar la puerta…
se escuchó.
María, nunca más a la ventana
se asomó.
Nunca más en la ventana
se la vio.
Solo un reflejo en la ventana queda,
lágrimas sobre el cristal,
un espectro que llora.
¡María, ya no está!
Y él, ese “perro ladrador”. ¿Qué hace? ¿Dónde está?
Quizá haya todavía,
quien dé cobijo a ese truhán.
En ocasiones no hay que fiarse de los anuncios. Maria se perdio al abrir la puerta,
y toda esa indulgencia, hacia él, fue el choque para que el proceder demoliera
la formalidad entregada. una bella obra donde queda consesuado el dolor de
una mujer que fue presa del engaño. me gusto. saludos amables de luzyabsenta
Muchas gracias Anthua..., te agradezco el comentario; aunque no fue mi intención que resultase divertido, a lo mejor por la forma, pero su fondo, es más bien grave, triste e indignante; cuantas mujeres son víctimas de malos tratos por sus parejas de una forma continua que llegan a ser anuladas por completo y no lo saben, no lo ven, llegando a creerse culpables de ese malestar o enfado que muestra "su" hombre, cuando nadie es dueño de nadie y mucho menos en la pareja. Bueno, esa era la intención de ese relato, visualizar una situación que ocurre con demasiada frecuencia.
Anthua un fuerte abrazo, para ti y tu querido México. José I.