Duda y Perplejidad

Robsalz

Poeta que considera el portal su segunda casa
Paseaba Duda por una calle de dentros y fueras
y se encontró a Perplejidad recostado a la acera.

-Mujer, señora Duda, ¿qué la trae por aquí?
¡qué gusto su encuentro!, ¿en qué le puedo servir?

-Pues mire usted, señor Perplejidad,
este asunto de la memoria, me tiene fatal…
recuerda usted, que hace tres días o cuatro semanas
le regalé un desconsuelo, que me traía muy mal.

-¿Regalos suyos dice usted?
óigame que ese cuento no se lo logro creer…

-Estoy casi segura, aunque lo pongo en duda
como el nombre que tengo,
que ese desconsuelo, ya conmigo no está…

-¿Pero está segura usted comadre, de esto que me dice?
para mí que lo ha perdido jugándose el meñique.

-Segura, lo que se dice segura, mire usted,
es imposible, bueno, no tanto, en realidad,
que yo lo esté.
Es cuestión de darle una buscadita en su casa
y si no lo encontramos, tranquilo, nada pasa.

-Me ofende comadrita, poner usted en duda mis palabras…
si aquí la duda es usted,
de verdad que no sé ni qué decirle,
me deja usted perplejo
de lo mal que me hace sentir.

-Mire, de verdad, no se ofenda, no es mi intención,
la verdad es que como no lo encontraba
me he dicho a mí misma:
oye Duda, que tal vez Perplejidad, sin querer queriendo
“como dice el difunto”, se ha confundido y la ha cogido
por error o por andarse durmiendo.

-Pero comadre, ahora resulta
que aparte de que me la regaló, se la robé,
acaso no ve usted, lo mal que deja mi imagen,
si no fuera por el cariño que le tengo
acá mismo la encuentro y la mando en carruaje.

-De verdad, disculpe usted, que mi afán ofenderlo no ha sido,
demos esto por concluido y ahí dispense usted,
debió haber sido un mal día
o un mal entendido,
que en esta vaina de creerle a los conocidos
no soy experta,
aunque creo también que sus aires
esconden un no sé qué pero sí el donde,
que aunque las dudas me reinan,
no soy tan estúpida como usted me supone.

-Comadre, lo que sea de cada quién,
pero entre las dudas que le reinan
le admiro su coraje,
y mire usted qué casualidad,
el desconsuelo que la traía tan mal
viene bajando de su auto,
ese que al rato y decoro
como su carroza de funeral.
 
Última edición:
Paseaba Duda por una calle de dentros y fueras
y se encontró a Perplejidad recostado a la acera.

-Mujer, señora Duda, ¿qué la trae por aquí?
¡qué gusto su encuentro!, ¿en qué le puedo servir?

-Pues mire usted, señor Perplejidad,
este asunto de la memoria, me tiene fatal…
recuerda usted, que hace tres días o cuatro semanas
le regalé un desconsuelo, que me traía muy mal.

-¿Regalos suyos dice usted?
óigame que ese cuento no se lo logro creer…

-Estoy casi segura, aunque lo pongo en duda
como el nombre que tengo,
que ese desconsuelo, ya conmigo no está…

-¿Pero está segura usted comadre, de esto que me dice?
para mí que lo ha perdido jugándose el meñique.

-Segura, lo que se dice segura, mire usted,
es imposible, bueno, no tanto, en realidad,
que yo lo esté.
Es cuestión de darle una buscadita en su casa
y si no lo encontramos, tranquilo, nada pasa.

-Me ofende comadrita, poner usted en duda mis palabras…
si aquí la duda es usted,
de verdad que no sé ni qué decirle,
me deja usted perplejo
de lo mal que me hace sentir.

-Mire, de verdad, no se ofenda, no es mi intención,
la verdad es que como no lo encontraba
me he dicho a mí misma:
oye Duda, que tal vez Perplejidad, sin querer queriendo
“como dice el difunto”, se ha confundido y la ha cogido
por error o por andarse durmiendo.

-Pero comadre, ahora resulta
que aparte de que me la regaló, se la robé,
acaso no ve usted, lo mal que deja mi imagen,
si no fuera por el cariño que le tengo
acá mismo la encuentro y la mando en carruaje.

-De verdad, disculpe usted, que mi afán ofenderlo no ha sido,
demos esto por concluido y ahí dispense usted,
debió haber sido un mal día
o un mal entendido,
que en esta vaina de creerle a los conocidos
no soy experta,
aunque creo también que sus aires
esconden un no sé qué pero sí el donde,
que aunque las dudas me reinan,
no soy tan estúpida como usted me supone.

-Comadre, lo que sea de cada quién,
pero entre las dudas que le reinan
le admiro su coraje,
y mire usted qué casualidad,
el desconsuelo que la traía tan mal
viene bajando de su auto,
ese que al rato y decoro
como su carroza de funeral.

Increíble dialogo de quien hace honor a su nombre, siquiera tuvo el buen tino de hacer una pausa a su interminable repertorio. Saludos cordiales para ti Robsalz
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba