NiñaSanctuary
Poeta adicto al portal
Duele abrir los ojos.
La luz que entra y deslumbra después de tanto tiempo de vivir en la oscuridad. Como ese destello que lamparea, que aturde, que ciega al mismo tiempo que te deja ver lo que hay al frente, quizás un paisaje nuevo, al que uno no sabe cómo enfrentarse.
Duele dejar de imaginarse las cosas, percatarse de que las sospechas no eran más que la verdad. Las ilusiones rotas, las esperanzas muertas, lo sueños convertidos en pesadillas que se aferran a una inesperada y cruenta realidad.
Duele.
No importa cuántas veces te hayan hecho una herida similar. Uno no acaba por acostumbrarse a ese dolor. Pero el alma necia en su afán de desplegarse no escatima en fantasear con cosas que nunca serán otra cosa que producto de nuestros propios vacíos.
Duelen los vacíos. Duele que nada los pueda llenar. Duelen las ausencias, los amores sublimes que parecían llenar el vaso y que de pronto, con la luz, con la separación de esos párpados que osaban permanecer cerrados, se desvanecen en el aire y se escapan sin poder capturar absolutamente nada de ellos, excepto, el cochambre que queda pegado en el vaso, vacío, tras su desaparición.
Duele. Duele la verdad. Y no hay consuelo.
Hacerte fuerte no es más que un absurdo grito de derrota simulando bienestar. Patadas de ahogado, uniforme de piedra que oculta del ojo ajeno las llagas purulentas de la piel interior. Y pensar que fue la búsqueda de un amor, la que rasgó la carcasa, por enésima vez...
Y pensar que uno se desnudó creyendo que no nos volvería a pasar.
Al cabo del tiempo, todas las mentiras terminan por hacer que la verdad sea un ácido irrefutable.
Todas las mentiras que se dice uno mismo. El engaño no viene de otro ser que no sea éste que traemos dentro. Uno mismo se sabotea. Y uno mismo se debe lamer las heridas, probar la sangre que derraman y llorar de lastima. No hay nada tan triste y vergonzoso que uno mismo se tenga lástima. No hay nada más motivante para desear ya no estar en este mundo de mierda. De miserias personales, de carencias a plazos vencidos, queriendo pagar los intereses con lágrimas que ya no nos alcanzan.
Suicidio. Nada más. Vivir así es un suicidio.
Como lo es sanar y creer que hay chance de volver a empezar y que la historia no se repetirá...
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