Ricardo José Lascano
Poeta que considera el portal su segunda casa
Dueña
Un ala dulce de sombra
le besaba la espalda.
Ebria del amanecer,
llevaba sus sueños
a los faros inasibles
con la palabra muda
dormida en los labios.
Tú que dueña del secreto eres
y te robaron el tiempo.
Su lámina de acero
te congeló la herida
te guardó en el fondo
de la noche trémula.
(Antes de ti fue imposible
descifrar el astro en la derrota
ese germen luminoso
que se va adhiriendo
al llamado profundo
de los claros trémulos
cuando el alma roza su copa.)
Ahora vas con el viajante.
Vas con el homicida.
Te llevan los caminos dormida
en la distancia de mudas catedrales
y en el aire asoma tu risa
He de adorarte mujer,
si aún vencida.
Un ala dulce de sombra
le besaba la espalda.
Ebria del amanecer,
llevaba sus sueños
a los faros inasibles
con la palabra muda
dormida en los labios.
Tú que dueña del secreto eres
y te robaron el tiempo.
Su lámina de acero
te congeló la herida
te guardó en el fondo
de la noche trémula.
(Antes de ti fue imposible
descifrar el astro en la derrota
ese germen luminoso
que se va adhiriendo
al llamado profundo
de los claros trémulos
cuando el alma roza su copa.)
Ahora vas con el viajante.
Vas con el homicida.
Te llevan los caminos dormida
en la distancia de mudas catedrales
y en el aire asoma tu risa
He de adorarte mujer,
si aún vencida.
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