Chrix
Poeta que considera el portal su segunda casa
El péndulo del reloj hamacó a tus ojos,
posaron ellos sus alas sobre la yacija
de un bello sueño.
Mi pecho hialoideo se deja vislumbrar
rezumando la esencia de la ternura…
Duerme tranquila, mi niña de cuentos.
Desde esta cima te observo,
como un ave a los peces,
soñadora y con anhelos de acobijarse
entre el oxigeno que refresca,
y la libertad infinita de los cielos.
Tu, sumergida en una nube de entelequia,
yo, admirando como la huella del silencio,
te posee como a una hoja seca,
exhibiendo tu cuerpo como nervaduras
de mi tibio lecho.
Yo escucharé por ti los acordes de los grillos;
cuidaré de los latidos al son,
acompañando mis suspiros con tesón.
Atrapado en la jábega de tus cabellos,
relataré las tempranas alas del albor,
cuando la ventana vaya enhilando los matices
de tu rostro arreciado de color.
Abriré el periódico del destino ,
susurraré a tu oído las noticias de mi corazón,
cronista de mi memoria,
cuando despiertes solo hablaré de ti,
de esos segundos peregrinando en tu cuerpo,
de la paz, que reina y florece en el espacio
entre mis dedos y el altar de tu boca.
Duerme niña, que por amor uniré todos los pétalos.
Duerme que la brisa, es solo mi respiración
que te acomoda sobre la sábana
de un rompecabezas de amor.
Descansa tu belleza en mi almohada,
arrullada por un ángel,
que yo escribiré un cuento
mientras en un faro que atisba tu ser
se mimetiza mi desvelo.
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