Duermes,
se posan tus ojos
sobre un rostro
impreciso,
el sueño acaricia
la almohada
de una estrella.
Duermes,
escuchas temblar
las hojas,
mientras tu cuerpo
desnudo
reposa
en el silencio
de la alborada.
Duermes,
caen tus manos
en la sombra
de los visos
de la madrugada.
Anochece siempre
en las heridas
entreabiertas.
Duermes,
soñada
en los laureles
del viento,
en la voz
del encuentro
de la luna
con el sueño.
Duermes,
sin partir
a ningún lugar,
encontrando el horizonte
de todos
los paisajes,
prendiendo la esencia
de la savia.
se posan tus ojos
sobre un rostro
impreciso,
el sueño acaricia
la almohada
de una estrella.
Duermes,
escuchas temblar
las hojas,
mientras tu cuerpo
desnudo
reposa
en el silencio
de la alborada.
Duermes,
caen tus manos
en la sombra
de los visos
de la madrugada.
Anochece siempre
en las heridas
entreabiertas.
Duermes,
soñada
en los laureles
del viento,
en la voz
del encuentro
de la luna
con el sueño.
Duermes,
sin partir
a ningún lugar,
encontrando el horizonte
de todos
los paisajes,
prendiendo la esencia
de la savia.