ADEXFI
Poeta adicto al portal
Se abre la aurora, iniciando un nuevo día,
cuando se abre el crepúsculo
de nuestras almas, en un tierno amanecer.
En el cenit del árbol de la vida,
coloreando nuestro nido, de púrpura y ámbar,
y sus hojas llegan hasta el cielo abierto,
teñido de azul y rojo, como las magentas.
Abriendo los besos.
Despejando las entelequias.
Abriendo un diario, un libro eterno,
dando la vuelta sus paginas amarillas,
descubriendo una inolvidable historia de amor.
Allí van las manos; las mias que van trémulas,
descubiertas a tu encuentro y las tuyas níveas,
que esperan ansiosas su turno.
Levitando los pies, para volar. Por esos senderos,
por esas grutas, donde las rosas se encienden,
y ocultas duermen las crisálidas.
Y al final del camino, abro los ojos. Y son orbes
girando por tu espacio, en el vaivén de tu mirada.
Abriendo nuestro ser a la vida.
cuando se abre el crepúsculo
de nuestras almas, en un tierno amanecer.
En el cenit del árbol de la vida,
coloreando nuestro nido, de púrpura y ámbar,
y sus hojas llegan hasta el cielo abierto,
teñido de azul y rojo, como las magentas.
Abriendo los besos.
Despejando las entelequias.
Abriendo un diario, un libro eterno,
dando la vuelta sus paginas amarillas,
descubriendo una inolvidable historia de amor.
Allí van las manos; las mias que van trémulas,
descubiertas a tu encuentro y las tuyas níveas,
que esperan ansiosas su turno.
Levitando los pies, para volar. Por esos senderos,
por esas grutas, donde las rosas se encienden,
y ocultas duermen las crisálidas.
Y al final del camino, abro los ojos. Y son orbes
girando por tu espacio, en el vaivén de tu mirada.
Abriendo nuestro ser a la vida.
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