Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa

Turbia sangre de mis venas
me detiene el corazón,
llega como un aluvión
anegándome entre penas.
Plétoras de mil condenas
que en décimas de segundo,
dejan mi verso infecundo
aleteando en tu orilla
enhebrado con la astilla
de un deseo moribundo.
Si cambiaras el acento
y de par en par abrieses
la cincha de tus arneses
tan solo por un momento.
Si se fuera con el viento
la ceniza de la aurora,
el ensueño que se implora
tras un despertar baldío,
la sequía del rocío
de la rosa que te llora.
Prende amor en mi ventana
los descartes de la luna
para ver si por fortuna
doy al fin en la diäna.
Pues la dicha no se hermana
con aquella que en su dote
tiene pluma por azote,
y en su pecho malogrado
las raíces del pasado...
¡Dulcinea sin Quijote!
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