BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Oh borrachos con mensajes
de amor nauseabundo, trafican
con su falo gigantesco, dos rosas
en cada pómulo y dos mejillas horrorosas
que imponen su brusquedad de amatista
en verbos recónditos y secuencias de mar.
Oh eterna voracidad de los cuerpos acechados,
mientras miran la gaviota compuesta de trigos
y elementales vómitos diurnos, conspicuos.
La mente se dispersa, ocluyendo cendales
ominosos, rayos, tempestades que ocultan
un almacén de sombras inauditas.
Cómo vociferan raudos en la estrategia
del día, amor prófugo, relámpago de agonía:
tarde, tarde, exageran sus músculos con razón
olvidadiza. Tienden sus pétalos de orilla a orilla,
y juegan con el vértigo, atendiendo pañales y rugidos
de émbolo.
©
de amor nauseabundo, trafican
con su falo gigantesco, dos rosas
en cada pómulo y dos mejillas horrorosas
que imponen su brusquedad de amatista
en verbos recónditos y secuencias de mar.
Oh eterna voracidad de los cuerpos acechados,
mientras miran la gaviota compuesta de trigos
y elementales vómitos diurnos, conspicuos.
La mente se dispersa, ocluyendo cendales
ominosos, rayos, tempestades que ocultan
un almacén de sombras inauditas.
Cómo vociferan raudos en la estrategia
del día, amor prófugo, relámpago de agonía:
tarde, tarde, exageran sus músculos con razón
olvidadiza. Tienden sus pétalos de orilla a orilla,
y juegan con el vértigo, atendiendo pañales y rugidos
de émbolo.
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