Amar es un aprendizaje diario.
Es sumar elementos a la noble
tarea de entregarse por el doble
si el fin así lo estima necesario.
Puede tomar un curso lapidario
y asir con ambas manos el mandoble
que rebana ese corazón de roble
cuyo interior es débil y precario.
Pocas veces sorprende en lo más alto.
Hay lecciones que ruedan por el suelo
y llegan a los pies sin sobresalto.
Así un error se cubre tras el velo
de otro pasado error que por asalto
socava la raíz de un torpe anhelo.
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