Luis Fernando Tejada
Poeta reconocido
No te aferres tanto a la vida,
al fin y al cabo no saldrás
vivo de ella.
Encantado con la
libertad del aire en el bosque,
a dos o tres metros
del vacío exacto,
penetro en la
extensión del horizonte,
en el depósito
de las almas muertas,
enarenado, apagado,
túmido, blando.
Pasos vertiginosos
sobre el mármol,
las paladas
mecánicas para asustar y
que no se de,
posiblemente,
el nacimiento de
la hierba fresca.
Juraría que es mediodía,
todo en este
lugar es chispeante,
desconfiado,
todavía intacto al amanecer,
resonancia en la noche
con el mismo volumen,
ecos de allá arriba.
El temido hoyo,
donde juega mí cuerpo,
el juego es el duelo,
el juego en el bosque,
porque la muerte vino.
al fin y al cabo no saldrás
vivo de ella.
Encantado con la
libertad del aire en el bosque,
a dos o tres metros
del vacío exacto,
penetro en la
extensión del horizonte,
en el depósito
de las almas muertas,
enarenado, apagado,
túmido, blando.
Pasos vertiginosos
sobre el mármol,
las paladas
mecánicas para asustar y
que no se de,
posiblemente,
el nacimiento de
la hierba fresca.
Juraría que es mediodía,
todo en este
lugar es chispeante,
desconfiado,
todavía intacto al amanecer,
resonancia en la noche
con el mismo volumen,
ecos de allá arriba.
El temido hoyo,
donde juega mí cuerpo,
el juego es el duelo,
el juego en el bosque,
porque la muerte vino.
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