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Ecos de familia

penabad57

Poeta veterano en el portal
Soy por orden el cuarto de seis, ese número que está

entre el cinco y el tres como un centinela en su guarida

de sombras pares. De bruno color la piel que nos viste

con su misterio colonial de ancestros cuya voz dulce

era una música tan frágil como el susurro de los pájaros

en el mudar del día a la noche. Himnos de sangre brotan

de las paredes y son de abril floreal los espejos cuando

el canesú, la diadema, el arlequín... se hacen primor

de caléndulas, de rosas, de jazmín, en los ojos de las niñas.

Y está el balón y el ajedrez del suelo sin reyes de marfil,

y están los cuadros oscuros bajo la rubia luz de los plafones

de cristal, y el carcaj del teléfono como una cáscara

que timbrea en la anochecida con ritmo de cascabel lunar.

Y, en fin, también están las fotografías llamando a los recuerdos

desde el silencio de unos nombres que aún pronuncian mis labios.
 
Última edición:
Soy en el orden el cuarto de seis, ese número que está

entre el cinco y el tres como un centinela en su guarida

de sombras pares. De bruno color la piel que nos viste

con su misterio colonial de ancestros cuya voz dulce

era una música tan frágil como el susurro de los pájaros

en el mudar de la noche. Himnos de sangre brotan

de las paredes y son de abril los espejos cuando

el canesú, la diadema, el arlequín... se hacen primor

de caléndulas, de rosas, de jazmín, en los ojos de las niñas.

Y está el balón y el ajedrez de los suelos sin reyes de marfil,

y están los cuadros oscuros bajo la rubia luz de los plafones

de cristal y el carcaj del teléfono como una cáscara

que timbrea en el anochecer con ritmo de cascabel y luna.

Y están las fotografías llamando a los recuerdos desde

el silencio de unos nombres que aún pronuncian mis labios.
Muchos hermanos son una gran escuela.
Un abrazo, Ramón.
 
Soy por orden el cuarto de seis, ese número que está

entre el cinco y el tres como un centinela en su guarida

de sombras pares. De bruno color la piel que nos viste

con su misterio colonial de ancestros cuya voz dulce

era una música tan frágil como el susurro de los pájaros

en el mudar del día a la noche. Himnos de sangre brotan

de las paredes y son de abril floreal los espejos cuando

el canesú, la diadema, el arlequín... se hacen primor

de caléndulas, de rosas, de jazmín, en los ojos de las niñas.

Y está el balón y el ajedrez del suelo sin reyes de marfil,

y están los cuadros oscuros bajo la rubia luz de los plafones

de cristal, y el carcaj del teléfono como una cáscara

que timbrea en la anochecida con ritmo de cascabel lunar.

Y, en fin, también están las fotografías llamando a los recuerdos

desde el silencio de unos nombres que aún pronuncian mis labios.
Muy buen poema Penabad. Buen día. Un abrazo con la pluma del alma
 
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