Ecos de guerra

Andres Zuñiga

Poeta fiel al portal
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Se oyen estampidos de fusil
En un bosque de hayas en Ucrania
Y una bandada de palomas vuela
Como intentando eludir crasa vesania.

Se oye un estruendo de misil
En las sedientas arenas, allá en Gaza
Y una niña palestina muere
Apagándose como una brasa.

Se oye una gran detonación
Cerca de Homs, en la tarde sangrienta
Y un convoy humanitario es triturado
Para el dolor de muchos, cruel afrenta.

Se oye el tronar de un AK 47
A orillas del Yuba por Somalia
Y un niño negro que se hace hombre
Con sus manos en sangre de metralla.

Se oye el retumbar de algún mortero
En una aldea centroafricana
Y el vuelo de un amor que se hace añicos
Porque acaban de cortar sus blancas alas.

Se oye el fragor de una batalla
En Sudan, en un campo de cosecha
Y una familia ve morir sus esperanzas:
El fantasma del terror y el hambre acechan.

Se oye una risa descarada
En la polvorienta y sufrida Afganistán
Y una mujer árabe es violada
Y ultrajada por el talibán.

Se oye el chirrido de una daga
En un video de la televisión
Y un inocente periodista es degollado
Por un psicópata en el nombre de su Dios.

Se oye el trinar de un canillita
Que ofrece diarios en la esquina
Y en su portada anuncian unas muertes
Por unos narcos de México, Colombia o Argentina.

Se oye el ringtone de un celular
En una calle de la gran ciudad
Y la muerte se lleva la vida de dos niños
En El Congo por un kilo de coltán.

Se oye el sonido de un descorche
De una cara botella de champan
Y un traficante de diamantes que sonríe
Mientras cientos de miles ni tienen para el pan.

Se oye silencio por el norte
Las noticias de la guerra no se oirán
Y una nación apoya su patético gobierno
Que por petróleo hasta Neptuno irá.

Se oye una máquina cuenta billetes
En un banco de la Suiza neutral
Y un mercader de las armas que festeja
El nacimiento de una nueva guerra tribal.

Se oye el llanto de los niños
Se oye al dolor y al hambre apretujar
Se oyen misiles y metrallas
Y esta vieja costumbre de los hombres
Con su lanza que no cesa de matar.
 
Buena inspiración Andres Zuñiga sobre las desbastadoras muertes de inocentes por personas sin escrúpulos, que solo miran sus bolsillos y el poder. Ha sido un placer estar en tus letras.
Un abrazo.
 
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Se oyen estampidos de fusil
En un bosque de hayas en Ucrania
Y una bandada de palomas vuela
Como intentando eludir crasa vesania.

Se oye un estruendo de misil
En las sedientas arenas, allá en Gaza
Y una niña palestina muere
Apagándose como una brasa.

Se oye una gran detonación
Cerca de Homs, en la tarde sangrienta
Y un convoy humanitario es triturado
Para el dolor de muchos, cruel afrenta.

Se oye el tronar de un AK 47
A orillas del Yuba por Somalia
Y un niño negro que se hace hombre
Con sus manos en sangre de metralla.

Se oye el retumbar de algún mortero
En una aldea centroafricana
Y el vuelo de un amor que se hace añicos
Porque acaban de cortar sus blancas alas.

Se oye el fragor de una batalla
En Sudan, en un campo de cosecha
Y una familia ve morir sus esperanzas:
El fantasma del terror y el hambre acechan.

Se oye una risa descarada
En la polvorienta y sufrida Afganistán
Y una mujer árabe es violada
Y ultrajada por el talibán.

Se oye el chirrido de una daga
En un video de la televisión
Y un inocente periodista es degollado
Por un psicópata en el nombre de su Dios.

Se oye el trinar de un canillita
Que ofrece diarios en la esquina
Y en su portada anuncian unas muertes
Por unos narcos de México, Colombia o Argentina.

Se oye el ringtone de un celular
En una calle de la gran ciudad
Y la muerte se lleva la vida de dos niños
En El Congo por un kilo de coltán.

Se oye el sonido de un descorche
De una cara botella de champan
Y un traficante de diamantes que sonríe
Mientras cientos de miles ni tienen para el pan.

Se oye silencio por el norte
Las noticias de la guerra no se oirán
Y una nación apoya su patético gobierno
Que por petróleo hasta Neptuno irá.

Se oye una máquina cuenta billetes
En un banco de la Suiza neutral
Y un mercader de las armas que festeja
El nacimiento de una nueva guerra tribal.

Se oye el llanto de los niños
Se oye al dolor y al hambre apretujar
Se oyen misiles y metrallas
Y esta vieja costumbre de los hombres
Con su lanza que no cesa de matar.
Gusto en conocerte.
Yo también veo lo mismo que tú , augurando un próximo futuro pleno de turbulencias.

Al borde de algo malo estamos,
no tenemos más que ver
lo que a las plantas sucede
y animales también,
nuestros mares, nuestro aire,
egoísmos por doquier.

Al borde de algo malo estamos.
Porto lo hemos de ver.

Saludo afectuoso
Alfonso Espinosa
 

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