Alan Sink
Poeta recién llegado
Edificio
Perfumes que viajan, que rasgan las telas. Y en las afueras, un edificio galante y su eco.
Forma de viga, acero pintado, granito demente. ¿Qué siente la pena de encontrar los marrones?
Puede vivir del aire de campo, de piedra y arena. Ciudad en tormenta, vestir- piel-escueto.
Y enfrente, sus fauces: una boca llorando. Una madre perdida buscando colores.
Tiene en bisagra, un oxido acento. Guerra de escamas por volver a la mar, de cemento.
Se arman banderas de escudos discretos. De la palma fresca de aquel sujeto sin hambre.
Retiro al zumbido de ras bicolor. Sobresale en la muela un compás caramelo.
Y de brinco sospecha, de risa un momento. El blusón de la dama se llena de aire...
Alan Sink
Perfumes que viajan, que rasgan las telas. Y en las afueras, un edificio galante y su eco.
Forma de viga, acero pintado, granito demente. ¿Qué siente la pena de encontrar los marrones?
Puede vivir del aire de campo, de piedra y arena. Ciudad en tormenta, vestir- piel-escueto.
Y enfrente, sus fauces: una boca llorando. Una madre perdida buscando colores.
Tiene en bisagra, un oxido acento. Guerra de escamas por volver a la mar, de cemento.
Se arman banderas de escudos discretos. De la palma fresca de aquel sujeto sin hambre.
Retiro al zumbido de ras bicolor. Sobresale en la muela un compás caramelo.
Y de brinco sospecha, de risa un momento. El blusón de la dama se llena de aire...
Alan Sink