Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Soy tuyo, de la soledad y la muerte,
pero solo a ti te quiero.
Soy tuyo como tuyo puede ser un relámpago
que no se pertenece a sí mismo,
que se gesta y se consume en la acción de pasar
sin ser apenas algo,
una brevedad que ilumina un rostro
o incinera un bosque.
La soledad es nadie. La muerte es nada.
Soy apenas yo una leve resistencia
contra estos vientos:
aún es por amor esa necedad de la hoja amarilla
que se niega a desprenderse de la rama
del árbol muerto que sostiene con su raíz al mundo.
La soledad es nada. La muerte es nadie.
Tú eres lo demás, es decir: Todo.
He visto como las cosas tratan de imitar tu vida,
se abren con tus ojos al sol abundante
y buscan tu sueño en la oscuridad para que las sueñes:
no pasan de ser el diario intento de la belleza
en un coto de espejos que niegan la poesía.
Yo tampoco puedo llegar a tu estatura
sin desear ser una criatura de tus labios,
una palabra que se disuelve en tu saliva,
un latido que duerme en la simetría de tus pechos,
el epicentro de humedad donde te hundes,
la huella que dejas atrás, que olvidas, pero que es tuya.
Soy de la muerte y de la soledad,
y son mías porque no deseo nada más.
No las quiero, es verdad, pero me abrazo a su paz fingida
porque prometen el olvido:
cuando me olvide de mí, me olvidarán.
Lo poco que queda, lo que no han borrado,
es lo que soy, lo que te quiere y te pertenece.
Está vivo, pero es efímero como un sueño
que quiere despertar en ningún tiempo,
en ningún amanecer.
De la soledad soy nadie, de la muerte soy nada.
De ti soy tuyo todo y siempre tuyo
porque solo tú me quieres.
pero solo a ti te quiero.
Soy tuyo como tuyo puede ser un relámpago
que no se pertenece a sí mismo,
que se gesta y se consume en la acción de pasar
sin ser apenas algo,
una brevedad que ilumina un rostro
o incinera un bosque.
La soledad es nadie. La muerte es nada.
Soy apenas yo una leve resistencia
contra estos vientos:
aún es por amor esa necedad de la hoja amarilla
que se niega a desprenderse de la rama
del árbol muerto que sostiene con su raíz al mundo.
La soledad es nada. La muerte es nadie.
Tú eres lo demás, es decir: Todo.
He visto como las cosas tratan de imitar tu vida,
se abren con tus ojos al sol abundante
y buscan tu sueño en la oscuridad para que las sueñes:
no pasan de ser el diario intento de la belleza
en un coto de espejos que niegan la poesía.
Yo tampoco puedo llegar a tu estatura
sin desear ser una criatura de tus labios,
una palabra que se disuelve en tu saliva,
un latido que duerme en la simetría de tus pechos,
el epicentro de humedad donde te hundes,
la huella que dejas atrás, que olvidas, pero que es tuya.
Soy de la muerte y de la soledad,
y son mías porque no deseo nada más.
No las quiero, es verdad, pero me abrazo a su paz fingida
porque prometen el olvido:
cuando me olvide de mí, me olvidarán.
Lo poco que queda, lo que no han borrado,
es lo que soy, lo que te quiere y te pertenece.
Está vivo, pero es efímero como un sueño
que quiere despertar en ningún tiempo,
en ningún amanecer.
De la soledad soy nadie, de la muerte soy nada.
De ti soy tuyo todo y siempre tuyo
porque solo tú me quieres.
2 de diciembre de 2017