Tímon:
Si caes, no te detengas en la tierra,
siente cómo el polvo besa tus manos;
levántate y sigue, que la vida entera
se mide en pasos, no en llantos humanos.
Si tropiezas respira, toma otro camino,
aprende que los golpes son enseñanzas,
lecciones que dibujan tu destino
con líneas y sombras de esperanzas.
La geometría del vivir cargada de simbolismo
traza límites complejos y derivadas,
ecuaciones que resuelven el abismo
de la historia con sus horas ya marcadas.
Silvio:
Mira el arroyo, Tímon, cómo murmura,
parece hablar del tiempo y de sus huellas;
no hay agua igual, mas toda es su hermosura,
y en cada vuelta el sol le da centellas.
Tímon:
Así el hombre, que errando se redime,
va modelando el cauce de su historia;
cada caída, un verso que lo imprime,
cada dolor, un grano de memoria.
Silvio:
Qué necio aquel que teme su quebranto,
pues en el llanto nace la semilla;
no hay aprendizaje puro sin espanto,
ni aurora que sin noche se arrodilla.
Tímon:
Lo entiendo ya: vivir es ir probando,
sin miedo a ser error ni equivocarse;
porque en el tropezar vamos creando
la senda que al final sabrá encontrarse.
Silvio:
Descansa, amigo, el día se retira,
dejemos que la tarde nos consuele;
mañana el sol nos dará su mentira,
y el alma hallará paz bajo su fiel orfele.
Ambos:
Que el sabio no es quien nunca se equivoca,
sino el que aprende y sigue caminando;
la vida es solo el eco que provoca
la voz del ser que está siempre buscando.
Si caes, no te detengas en la tierra,
siente cómo el polvo besa tus manos;
levántate y sigue, que la vida entera
se mide en pasos, no en llantos humanos.
Si tropiezas respira, toma otro camino,
aprende que los golpes son enseñanzas,
lecciones que dibujan tu destino
con líneas y sombras de esperanzas.
La geometría del vivir cargada de simbolismo
traza límites complejos y derivadas,
ecuaciones que resuelven el abismo
de la historia con sus horas ya marcadas.
Silvio:
Mira el arroyo, Tímon, cómo murmura,
parece hablar del tiempo y de sus huellas;
no hay agua igual, mas toda es su hermosura,
y en cada vuelta el sol le da centellas.
Tímon:
Así el hombre, que errando se redime,
va modelando el cauce de su historia;
cada caída, un verso que lo imprime,
cada dolor, un grano de memoria.
Silvio:
Qué necio aquel que teme su quebranto,
pues en el llanto nace la semilla;
no hay aprendizaje puro sin espanto,
ni aurora que sin noche se arrodilla.
Tímon:
Lo entiendo ya: vivir es ir probando,
sin miedo a ser error ni equivocarse;
porque en el tropezar vamos creando
la senda que al final sabrá encontrarse.
Silvio:
Descansa, amigo, el día se retira,
dejemos que la tarde nos consuele;
mañana el sol nos dará su mentira,
y el alma hallará paz bajo su fiel orfele.
Ambos:
Que el sabio no es quien nunca se equivoca,
sino el que aprende y sigue caminando;
la vida es solo el eco que provoca
la voz del ser que está siempre buscando.