poetakabik
Poeta veterano en el portal
(Colofón poético sobre el pasado y la vida)
NEMORIO:
Ya cae el sol tras lomas amarillas,
y el tiempo calla, como si entendiera
que todo lo vivido, aun lo dolido,
es llama que en el pecho reverbera.
LISANDRO:
Razón no falta, amigo, en lo que dices,
pues cada cicatriz que aún nos visita
es mapa de las sendas que elegimos,
y huella del amor que no se evita.
NEMORIO:
No hay sombra que no esconda su enseñanza,
ni gozo que no acabe por partir.
¿No ves que la memoria nos sostiene
cuando el presente empieza a sucumbir?
LISANDRO:
Sí, y agradezco todo lo que he sido,
aunque mi pecho a veces llore en vano.
Del barro fui, mas fui también la lluvia
que dio a la flor del alma nuevo hermano.
NEMORIO:
Decimos: “esto es mío”, “esto fue mío”,
y al poco el viento arrastra nuestro canto.
Solo nos queda el pulso de este instante,
y el arte de abrazar lo que fue tanto.
LISANDRO:
Pues si el ayer tejió la luz que habito,
¿cómo negar su sombra o su verdad?
En él está el dolor que me hizo fuerte,
y el beso que curó mi soledad.
NEMORIO:
Los hombres son los ríos de sus días,
y mueren cuando tocan mar abierto.
Mas cada gota es vida que se entrega,
a un mar que no es final… solo desierto.
LISANDRO:
No temo ya la muerte, ni el olvido,
si dejo mi canción sobre la brisa.
El mundo pasa, el alma se detiene,
y en su silencio, todo se poetiza.
NEMORIO:
Entonces caminemos sin lamento,
que el mundo da lo que nos corresponde.
Si el alma es tierra fértil, que florezca
también cuando la pena nos responde.
LISANDRO:
Así será, Nemorio, que al pasado
le brindo ya mi vino y mi reposo.
Fue fiel, fue cruel, fue sabio y necesario,
como el amor que sabe hacerse hermoso.
NEMORIO:
Ya cae el sol tras lomas amarillas,
y el tiempo calla, como si entendiera
que todo lo vivido, aun lo dolido,
es llama que en el pecho reverbera.
LISANDRO:
Razón no falta, amigo, en lo que dices,
pues cada cicatriz que aún nos visita
es mapa de las sendas que elegimos,
y huella del amor que no se evita.
NEMORIO:
No hay sombra que no esconda su enseñanza,
ni gozo que no acabe por partir.
¿No ves que la memoria nos sostiene
cuando el presente empieza a sucumbir?
LISANDRO:
Sí, y agradezco todo lo que he sido,
aunque mi pecho a veces llore en vano.
Del barro fui, mas fui también la lluvia
que dio a la flor del alma nuevo hermano.
NEMORIO:
Decimos: “esto es mío”, “esto fue mío”,
y al poco el viento arrastra nuestro canto.
Solo nos queda el pulso de este instante,
y el arte de abrazar lo que fue tanto.
LISANDRO:
Pues si el ayer tejió la luz que habito,
¿cómo negar su sombra o su verdad?
En él está el dolor que me hizo fuerte,
y el beso que curó mi soledad.
NEMORIO:
Los hombres son los ríos de sus días,
y mueren cuando tocan mar abierto.
Mas cada gota es vida que se entrega,
a un mar que no es final… solo desierto.
LISANDRO:
No temo ya la muerte, ni el olvido,
si dejo mi canción sobre la brisa.
El mundo pasa, el alma se detiene,
y en su silencio, todo se poetiza.
NEMORIO:
Entonces caminemos sin lamento,
que el mundo da lo que nos corresponde.
Si el alma es tierra fértil, que florezca
también cuando la pena nos responde.
LISANDRO:
Así será, Nemorio, que al pasado
le brindo ya mi vino y mi reposo.
Fue fiel, fue cruel, fue sabio y necesario,
como el amor que sabe hacerse hermoso.